
“Vencer no es convencer”
Cuando los ciudadanos tenemos la malísima suerte de tener no sólo un gobierno inútil sino que además de ser insensibles a las necesidades de los ciudadanos, están ajenos a todo menos al interés personal, es entonces cuando podemos temernos lo peor, incluso a riesgo de que la historia, con los peores augurios, se repita.
Siempre han existido dos Españas desde la contienda civil; la izquierda nunca perdono haber perdido. “Vencer no es convencer” dijo Unamuno en 1936 y esto vale para todos; de forma cicatera han recordado hasta la extenuación que los buenos eran los del bando de la izquierda y que los rebeldes, aun habiendo ganado tendrían que tener su merecido. Hechos recientes nos recuerdan que pese al tiempo transcurrido, la memoria histórica ajustada a las conveniencias no habría que archivarla sino que había que revivirla y eso es lo que han hecho insistentemente la izquierda, desde un Presidente del gobierno tan calamitoso como Zapatero ahora superado por un Sánchez que de estadista tiene lo que yo tengo de negro.
Cada una de las dos Españas llenas de soberbia pretendían catequizar a la otra y convertirla a su modo de actuar, y si no fuera posible, perseguir su exterminio. Como digo un país con complejos imborrables.
Miguel de Unamuno dijo “Un territorio libre, lo es por individualismo o por liberalismo. Me pregunto, libre, ¿de qué?; libre ¿para qué?, ¿libre para someter al individuo español a modos de convivencia? ¡Esto no!. Y sé que ese individuo español, indígena de la región en que viva o advenedizo a ella, tendrá que buscar su garantía en lo que llamamos el Estado español. Sé que los ingenuos españoles que voten por plebiscito un Estatuto regional cualquiera tendrán que arrepentirse de su voto, los que tengan individualidad consciente, cuando la región los oprima, y tendrán que acudir a España, a la España integral, a la España más unida e indivisible, para que proteja su individualidad” (Miguel de Unamuno “Individuo y Estado”. El Sol, 21 julio de 1931)
Hoy, año 2020, aun no hemos escarmentamos con lo pasado, pues como ya ocurriera en la historia reciente de España, es que cada una de las dos Españas cree que es la buena y además está convencida de que la otra no tiene derecho a la vida. Antonio Machado en su “Campos de Castilla” alude a ello:
Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
Nada fue mejor que aparcar las diferencias y buscar el consenso. Así sucedió en la guerra civil española; el bando republicano estaba formado por multitud de organizaciones obreras, comités, sindicatos, milicias, etc., mientras que en el banco nacional dejaron sus diferencias para el final de la guerra que terminaron ganando. Hoy en el año 2020 sucede justo lo contrario, la izquierda se alía (no se une) con gropusculos y partidos que desean destruir España como nación haciendo de eso un frente común bastardo para el cambio del régimen nacido de la Constitución de 1978; por contra los partidos de la derecha ahora campan por sus fueros tratando de defender su posición como si de un fortín se tratara.
Azaña lo dijo: “Rodeado de imbéciles, gobierne usted si puede” (aquellos eran políticos de casta, no casta política). Terminada la guerra civil llegó la paz sin reconciliación que dura hasta el día de hoy. Los hechos más recientes nos presentan un Presidente del gobierno rememorando a Franco para sacarle de su tumba, más como un acto de cobardía que de heroicidad, brindando el hecho a los suyos; ese “va por ustedes” denota la catadura moral del personaje.
“Cerillita” como le llamaban a Franco en la escuela o “Franquito” en la academia de infantería de Toledo, dónde terminó licenciado con el número 251 de una promoción de 312 oficiales, lo que demuestra que no era precisamente un prodigio; evitaba no comprometerse aplazando la resolución de los problemas para que se resolvieran por sí solos (esto seguro que nos suena de otros mandatarios españoles), pero “Franquito” superó a sus compañeros en cálculo y ambición.
El sistema político basado en una democracia partidista siempre favoreció la corrupción, el soborno, el cohecho y lamentablemente casi nunca terminó en los tribunales, ejemplo penoso a una ciudadanía a la que se le exigen sacrificios sin límite en una España a medio hacer que asigna los escaños mediante la ley D’Hondt que impulsó la UCD y que curiosamente no le ha venido bien a ningún partido cambiarla, por mucho que de boquilla se quejen cuando les perjudica. Una ley que beneficia al primer partido, que respeta al segundo y perjudica al tercero; que favorece a las provincias menos pobladas y que curiosamente un partido regionalista y si cabe separatista puede poner contra las cuerdas al partido mayoritario.
Un España a medio hacer, decía, y una democracia con grandes fisuras; es mejor hablar de que tenemos una pseudodemocracia, dónde la división entre los tres poderes del Estado roza la imperfección más absoluta, poderes con vasos comunicantes dónde todo se mezcla hasta obtener un resultado viscoso e indefinido; las elecciones a duras penas reflejan la libertad popular y las listas cerradas de los partidos políticos desvirtúan lo que sería una verdadera democracia dónde los valores a los aspirantes a representar al pueblo español no los ponen los ciudadanos, como así debiera ser con listas abiertas.
Lamentablemente después de más de cuarenta años desde la aprobación de la Constitución de 1978, seguimos estando en un bucle. Sucedió el 23F, entonces Felipe González pensaba que el desgobierno de la UCD estaba arrastrando a España al caos y estudió la formación de un gobierno de gestión, sin el entonces Presidente Adolfo Suárez y con un independiente a la cabeza.
Curiosamente hoy también estamos en una situación similar a lo descrito anteriormente; ahora el gobierno es una mezcolanza de trampas y trincheras de la izquierda, liderada por el PSOE que ha tenido a bien colocar en puestos de máxima responsabilidad a quien le mueve el árbol para que Sánchez recoja las nueces, infiltrando al enemigo de España en el CNI ante la mirada atónita de Europa; pero la situación ha cambiado drásticamente, estamos en una España que es miembro de la CE, con intereses económicos, comerciales y políticos de todo tipo en perjuicio de la autonomía de entonces, que ahora ya no existe.
El incompetente de Sánchez (que diferencia con Azaña que se le llamaba don Manuel y a Sánchez se le llama de todo, basta ver las redes sociales) ahora tiene que rendir cuentas a un Ente supremo y Europa no perdona las tropelías que se le vengan a ocurrir en cada momento al jefe y al monaguillo, acompañados a coro por un gobierno de altura moral y científica rayana en el insulto a los ciudadanos.
Mariano Avilés – jurista
