Dedicado a mis nietos
Cuando miro, no sin cierto vértigo, el camino recorrido hasta ahora, siempre pienso en mis nietos que tienen la alegría y la vivacidad de quienes desconocen la jungla en la que están viviendo, aún siendo este el llamado primer mundo; se me antoja también pensar en cómo serán los mundos inferiores y es cuando paso de la tristeza más absoluta a la melancolía al recordar a mis mayores, que nacieron en España en una sociedad de guerra civil con múltiples carencias que seguro se asemejaba a otros inframundos; fue su mundo y supieron remontar con esfuerzo.
Las pinceladas que vamos dando en el cuadro de nuestra vida nos definen, nos retratan y queda grabado para la posteridad de quien quiera pararse y mirarlo. Contemplar la vida desde la atalaya de la edad es un privilegio insustituible. La vida pasada es el profesor sabio que te habla desde su experiencia y quien quiera acercarse quedará impregnado de esa sabiduría que probablemente se vaya difuminando con el transcurrir del tiempo. La razón que adquiere un adulto creo que no es sino el envejecimiento de la inocencia.
Me anima a escribir el solo hecho de pensar que cuando un hombre muere, si no deja nada escrito, pronto es olvidado; escribo no solo para solidarizarme en los problemas de mi gente, sino para permanecer en el recuerdo.
Lo ideal probablemente sea no entender de política, ni de guerras tampoco. La política aunque no entendamos la padecemos y respecto de la guerra he de decir que, afortunadamente nunca he ido a la guerra. ¿Qué pintaría yo en una guerra?; me veo más en la paz comprometida y en la serenidad con los míos, aunque los míos no sean muchos, tampoco son pocos. No estoy de acuerdo con quien dijo que “la guerra así como es madrastra de cobardes, es madre de los valientes”. Definitivamente me sitúo en zona neutral.
Don Diego Miranda, el Caballero del Verde Gabán le dice a Don Quijote que “la valentía que entra en la jurisdicción de la temeridad, más tiene de locura que de fortaleza”. Sentirse único es la peor trampa en la que el ser humano puede caer. El hombre puede trepar hasta las cumbres más altas, pero no puede vivir allí mucho tiempo.
Todo el mal que puede desplegarse en el mundo -dijo Petrarca– se esconde en un nido de traidores. Un traidor es como un susto –nunca es bueno-, algo que no esperas y que te sobresalta cuando disfrutas de la calma. Creo que la calma viene en un día claro cuando contemplas el infinito horizonte al que nunca llegas, pero ves que está ahí y no por ello desesperas.
Cuando tropiezas con un traidor siempre quiere convencer de ser el ejemplo de persona a seguir, la traición a los tuyos es el acto más cobarde; algunos políticos, como los artistas, su única misión es, además de brillar, hacer creer al mundo la verdad de su mentira. Así lo hizo también -dicen- Pablo Picasso mientras exhibía la verdad de su obra que, al aparecer, ocultaba la magia de su mentira, según algunos críticos, que no parece que le apreciaran.
Lamento que la política haya dejado de ser un noble servicio a los demás; así lo entendía yo en mi formación humanística. Los políticos actuales no han acertado a definir cuál es su función y el lugar que ocupan en la sociedad; se han equivocado porque lejos de servir al pueblo se han servido de él para sus fines, emociones y ambiciones particulares; generan el sentimiento contrario al que debieran.
Los pueblos se deben gobernar desde la sensatez y nunca desde el corazón, porque no todos tenemos necesaria y lamentablemente buen corazón. “El pueblo comprende antes el lenguaje de las pasiones que el de la razón”. (Jaime Balmes).
Boabdil en sus reflexiones por la pérdida de Granada aconsejaba en sus manuscritos no escuchar jamás a un embustero que pretende alarmarte: “nadie ha obtenido nunca ni sabia ni útil opinión de un mentiroso”. Lamentable y pobre es la persona que se conforma con escuchar lo que quiere oír y con ello entra en un proceso de catalepsia que le impide reaccionar ante situaciones extremas que le perjudican.
Pocos son los que piensan en la levedad del ser, porque la persona es leve, siempre hay alguien o algo que puede decidir sobre el futuro inmediato de los demás; aunque seas una persona con fortaleza para saber mantener en orden la vida y aún con lágrimas en los ojos te las arreglas para decir con una sonrisa “estoy bien”. No hay que bajar la guardia y recomponerse con o sin ayuda, aunque a veces lo que se teme perder ya se haya perdido y lo que se esperaba ganar ya no sea posible alcanzarlo.
Aún así, se diría que siempre queda una zona inaccesible, un cuarto oscuro en nuestro interior dónde se encierra la verdad inconfesable de cada uno de nosotros.
No son fáciles las relaciones personales en un mundo tan complejo y falto de identidad; creo que la mejor relación no es aquella que une a las personas perfectas, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con los defectos de los demás y a admirar sus cualidades. Recuerda, a veces de quien menos se espera es quien te hará vivir buenas e inolvidables experiencias.
Miro al infinito y necesito ver un futuro de paz, aunque este día está lleno de nubes, no lo tengo muy claro; el orden social surge del comportamiento de las personas que necesitamos seguir códigos morales. Las leyes no se hicieron nunca para litigar sino para ser observadas y cumplirlas; es incompatible apelar a las leyes y conspirar para lograr objetivos no previstos: los litigios desenfrenados llevan a la proliferación de sobornos y malas prácticas. Creo que un Estado hiperregulado es un Estado que estaría a punto de caer y desgraciadamente, España va por buen camino.
Cuando mis nietos lean estas palabras, -por sus edades ahora lo tienen difícil y posiblemente si supieran leer no las entenderían- tendremos una sociedad en España mucho más compleja de la que tuvimos generaciones anteriores, aun sin sufrir una guerra con armas.
La guerra sin armas será una guerra de conciencia; estará instaurada en cada resquicio de la sociedad y para la supervivencia será, nuevamente, el factor clave la capacidad de adaptación. La universidad, la religión, las relaciones sociales, la política, las artes, la soledad, la tiranía de las nuevas tecnologías, todo estará reflejado en un cuadro social difícil de descifrar; por mucho que fijemos la vista en el cuadro, no veremos claro ningún horizonte.
Lo dijo el poeta “la poesía es un arma cargada de futuro” (Gabriel Celaya) y creo que ni con la poesía ni con la palabra habrá paz. La palabra como el idioma ha de servir para entenderse con los demás, no para ocultarse detrás de él.
Si miro a un futuro mediato, la esperanza la tengo puesta en mis nietos que estarán imbuidos de un recto proceder en la vida, sus padres deberán trabajar con ahínco y perseverancia para hacerles ver la bondad de proceder en la vida de forma adecuada y que cuando miren a la luna vean la belleza de Dios; cuando vean el sol contemplen el poder de Dios y cuando, por ser buenas personas, se miren en el espejo, en él vean la mejor creación de Dios.
Mariano Avilés – Jurista
Septiembre 2023

