8 marzo 2022

Artículo publicado en diario Lanza de Ciudad Real año 1972

Ya en muchas ocasiones hemos oído hablar del tema de la contaminación y la posible forma de solucionarlo, como también hemos oído hablar de que las fuentes de energía del mundo se agotan a un paso tan agigantado que hace prever que el mundo y su vida no podrá durar mucho más tiempo en estas condiciones.

Me ha llamado la atención un artículo de Manuel Espín titulado “SOS mundial”; si, en verdad es interesante el tema y todo lo que gira en su entorno.

Bien podemos decir que tenemos como una de la principales fuentes de energía en el petróleo o también llamado oro negro, que según estadísticas hechas por los científicos calculan que las reservas mundiales de petróleo  son algo más de dos billones de barriles, situándose la carencia de este preciado elemento para finales de este siglo.

Así podríamos continuar con otros muchos minerales imprescindibles en nuestras industrias y, por consiguiente, de nuestra vida cotidiana, tales como son el oro, la plata, el plomo, el platino, el cobre, el mercurio, etc. Igualmente se ha calculado que el mineral de más larga vida sobre nuestro planeta – si la situación no varía de inmediato- es el cromo, fijada su escasez también hacia el año 2060.

Cualquiera se podría preguntarse, ¿Pero no se ha descubierto la nueva forma de energía, esa energía nuclear tan revalorizada actualmente?; si, claro, tenemos la energía nuclear, pero…¿Es que no se acaba?.

Evidentemente la capacidad de producción de la energía nuclear ha supuesto un respiro, aunque como ya dije anteriormente llegará el momento de escasez y nuestras centrales nucleares se verán estériles. Actualmente se trabaja para buscar una posible regeneración del combustible gastado, lo que resolvería, al menos momentáneamente, el problema de esta fuente de energía.

Por otra parte, la carencia de energía es motivo de especulación de determinadas naciones, no ocupándose sino de eso, de una continua especulación, no siendo conscientes del problema de la Humanidad. Así lo que hacen estas naciones es asegurar sus fuentes de energía, tal es el caso de Chile que acaba de nacionalizar su importante industria minera.

Es cierto que estamos malgastando nuestras potencias, energías y estamos caminando a pasos rápidos hacía el total derrumbamiento con ese derroche constante de nuestras posibilidades de vida, aunque por otro lado estén en constante trabajo los científicos para encontrar soluciones de emergencia.

El problema está en marcha, es cierto que un SOS acaba de lanzarse: medio siglo de abundancia ¿y después…?, el remedio ha de buscarse ahora mismo.

Hasta aquí el artículo que publiqué en el diario Lanza de Ciudad Real en el año 1972. Vistos los antecedentes y la situación actual no me resisto a escribir un añadido que creo es necesario.

Hoy 8 de marzo de 2022, es decir, cincuenta años después de la publicación del artículo anterior no solo puede comprobar que he pasado de la máquina de escribir al ordenador, que creo he evolucionado en la forma de redactar y que hace medio siglo ya escribía sobre lo que ahora ya no es un interrogante, porque es un verdadero problema; el precio de la energía se ha disparado (hoy la electricidad llegará a setecientos euros el megawatio/hora lo que no solo representa un peligro para las industrias sino para los ciudadanos que ven como son incapaces de afrontar semejante coste.

No hace mucho los progresistas (hoy escondidos sin rechistar) clamaban porque cuando era presidente Mariano Rajoy la electricidad, que no llegaba a sesenta y cinco euros el megawatio/hora, decían que suponía una discriminación social y un agravio para las clases más desfavorecidas; hoy cuando no se cumplen tres años desde aquellos aspavientos y estando gobernando quienes aquello decían, la electricidad está exponencialmente en máximos históricos, al igual que el gas y el petróleo.

Dicen los progresistas (Gobierno incluido) que buena parte de culpa la tiene la guerra que en estos momentos está librando Rusia contra Ucrania, no digo que no incida, creo que bajo todas las crisis que puedan producirse subyace y ocultan la incapacidad real de las organizaciones internacionales como la Unión Europea para anticiparse a ellas y dar soluciones. Una vez más, les/nos pillan con los deberes sin hacer cuando la dependencia energética de la Unión respecto de Rusia debería haberse reducido progresivamente o resuelto.

Fue con la pandemia, ahora con la crisis energética, lo cierto es que con la macroestructura burocrática que controla los intereses económicos de Europa no se consigue atajar aquellos agujeros negros que representan la debilidad que padecemos por anteponer la política y oscuras maniobras sobre la economía.

Los Estados miembros de la Unión, entre ellos España, se resisten a bajar impuestos y a regular los precios que es urgentísimo y siguen recaudando sobre facturas impensables de afrontar por los ciudadanos y empresas, muchas de las cuales dependen de la energía y su coste. El Gobierno (que sin la guerra ya lo tenía difícil con una inflación disparada) no debe cobijarse, sin más, bajo las normas europeas, debe propiciar en los foros que corresponda cambios de normativa que posibiliten la subsistencia de las economías.

La progresía apostó en su momento por las energías verdes que han resultado prácticamente un timo, de alto coste, incapaces de cubrir las necesidades energéticas; se cerraron minas de carbón y centrales nucleares (las que quedan tienen fecha de caducidad) y pasamos a depender de dictaduras y oligarcas. El cambio climático no lo aliviarán estos que aspiran a vivir del aire porque de las industrias y del progreso no serán nunca capaces; muchos de ellos no es que carezcan se cultura de la gestión, es que no han trabajado nunca y así aspiran a seguir, si no lo remediamos.

Exijamos a la Unión Europea una actividad menos burocrática y más práctica para tener previstas soluciones a los problemas como el energético y que se busquen soluciones alternativas que abaraten el coste de la actividad humana en la era tecnológica; Europa no debe ir detrás de acontecimientos como pandemias ni guerras, estas crisis deben estar previstas para ahorrar disgustos, dineros y vidas humanas.

Mariano Avilés – Jurista

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