24 octubre 2022

AL ENCUENTRO DE SISSI

Publicado por maviles en General

Artículo escrito en octubre de 1979

Es precisamente en el centro de Europa, allá dónde el agua del mar no se ve, dónde cuesta imaginar que el Danubio que baña Viena sea el Danubio Azul que en tantas galas cortesanas fuera fondo musical de coqueteos y suspiros; todo viajero que cruce Europa de oeste a este, como es mi caso, debe detenerse en Viena.

Fueron aquellos parajes donde recalaran el Cister en su época y el gótico en la suya; para todos los gustos habrá admiración y porqué no curiosidad, la que a mi me llevó a encontrarme con Viena, a evocar a Sissi y su época. Volver atrás y situarse en tiempos de Isabel Emperatriz, de Francisco José Emperador y de María Vetsera, aquella que compartiera amores con el hijo del Emperador.

Fue allí, en parecido paraje, quizás con aquellos mismos árboles, con aquel mismo cielo y aquel mismo aire, dónde el treinta de enero de 1880 ocurrió la tragedia de María Vetsera y de Rodolfo; aquel lugar al lado derecho del camino por dónde se baja, dónde estaba el pabellón de caza escenario de la historia amorosa.

Eran terrenos cedidos por la abadía de Heiligenkreuz para la construcción del pabellón de caza y dónde aún habitan unos dulzones monjes con el don especial de fabricar un licor que además de curar los pies planos, tumba.

De aquello que entonces existía ya no queda nada , Francisco José hizo construir, sobre el trágico y asombroso rincón de amor una iglesia y un convento carmelita, edificio de mal gusto que pueden ver los pocos turistas, que guiados por la curiosidad y tratando de descubrir el misterio se introducen en los bosques de Viena.

Pero lo que se sigue son las propias huellas de María, de desvelar su tumba, la tumba de la elegante María a la que ningún treinta de enero después de su muerte y mientras Sissi vivió no faltaban las flores de la Emperatriz. La tragedia de Mayerling se recuerda con especial vocación en toda Austria, envuelta por la mística historia de Isabel Emperatriz, o Sissi, como queramos llamarla,  de la que plagiaban las jovencitas, que ya no lo son tanto, al ver a Romy Schneider interpretando.

Ir a Viena es buscar la historia amorosa de María, encontrar a Sissi y soñar con música, recordando la belleza de ambas que pervive en la mente, de María elegante, casi siempre pelo castaño recogido en moño, la boca pequeña, ligeramente pintada y los ojos azules.

Dejando Mayerlig atrás, y transportado por la Rueda de la Fortuna del Práter vienés, comienzas a ver la época; aquel siglo XIX de una Austria floreciente, mística, aquella Austria no neutral ni escenario de tratados de desarme internacional.

Melodía es Viena en sus calles, melodía y música son el susurro del hablar centroeuropeo y del silencioso golpear de las herraduras de los caballos que arrastran el carruaje turístico que recorre las calles incansablemente. Y mientras ahí, como vínculo del tiempo a la vez que como legado de España a Austria la Escuela de Equitación, aquella que fundara Felipe II para gloria y reserva de los equinos españoles de pura raza; maravilla e instinto hecho puro arte; en Viena el arte no es solo el milagro de la piedra, lo es el de la música, el del agua, el de su calles y el de su historia.

El viajero seguirá viendo y descubriendo maravillas al compás de un Vals al aire libre en la noche de la que fuera cuna del imperio Austro Húngaro; vivos están todos y con la inspiración del embrujo vienés se recordará a Strauss, ¿Quién no conoce a Strauss?.

Desde San Carlos a la Ópera, desde el Vellvedere al Práter endulzando el recorrido con la nostálgica e infantil armonía de los Niños Cantores. Allá siguen viviendo, corazón con corazón, sin tener que beber el licor de los monjes para poder sentirlo, ni que degustar el vino verde de Grinsin.

Viendo instantáneamente Viena desde el punto más alto de la Rueda de la Fortuna, fui dejando el sueño que me envolvía; comenzó un reciclaje, una cuenta atrás para volver a comenzar y pisar la tierra; allí se quedaban Schubert, Beethoven, Strauss, Mozart, Freud y sobre todo ellas, las que me hicieron soñar en Mayerling y respirar el aire románticamente envolvente de aquel mágico lugar y en aquel momento, ellas dos, Sissi y María Vetsera, con la seguridad de que si vuelvo a Viena recordaré y recorreré el Danubio y allí las volveré a encontrar.

Mariano Avilés – Jurista

Nota: Cuando paso este artículo a mi blog (octubre de 2022, cuarenta y tres años después) acabo de recorrer el Danubio en barco desde Alemania hasta Budapest y he vuelto a Viena.

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