14 diciembre 2025

Ahora más que nunca me gusta pararme en la observación de todo lo cotidiano, lo normal, lo que nos rodea; es bueno pensar sobre lo que se nos dice y para eso hay que saber escuchar.

Mi amigo Leo a raíz de comentar mi reflexión sobre el tiempo y su valor para las personas, me dice en un mensaje sincero: ”Ya se nos ha echado encima el otoño y empezamos un curso nuevo”, también M.A., que es mi otro yo, me dice en un mensaje “Que bonito otoño” cuando ve una fotografía con fondo otoñal y, precisamente del otoño quiero hablar en este momento.

No me resisto volver a decir lo que ya dije sobre esta bella estación del año en España, donde las estaciones aún se diferencian unas de otras, cuando una explosión de colorido reconforta los sentidos de cualquiera que detenga un instante su vida para contemplar tanta hermosura y escuchar la calma:

“El otoño de nuevo viste de colores el paisaje; el paseo sosegado invita a descubrir la inmensidad de matices que pueblan el camino de la vida; matices en los que en muchas ocasiones no reparamos y que nuestra experiencia nos pone en la retina. ¡Es curioso que este extraordinario muestrario de colorido haya estado siempre ahí y posiblemente no lo hayamos visto!”.

Lo comprobé hace unos días en Sigüenza avistando desde el altozano del castillo, entre nostalgias que compartes con tu otro yo, íntimo e inseparable, aquel vergel de amarillos, de rojizos, de ocres que inspira cualquier reflexión cuando estás bien contigo mismo.

Dije entonces también que “Cuando llega el otoño, nuestro otoño, esperamos que el aire huela a humo de chimenea, que huela a recuerdo, que huela a lo auténtico de la vida, de la experiencia, de la satisfacción, de la tranquilidad que da seguir cumpliendo con nosotros mismos, con nuestro entorno; es tiempo de júbilo y hacer pequeñas excursiones placenteras fuera del camino de siempre, es conveniente, es necesario. Un gozo que reconforta el alma y que te permite seguir haciendo camino después de haber inhalado ese aire fresco que nos da el otoño de nuestra vida”.

Alguien dijo, y así lo recogí: “Ha sido un bello descubrimiento el otoño. Nunca tuve tiempo de notar la belleza de mis nietos, mi esposa, del árbol afuera de mi propia puerta. Y de la belleza del tiempo en sí mismo”.

El otoño es evocador, tiene porte de misterio, de poeta romántico, de ganas de querer a quien más quieras, con ansias de vivir con la envoltura que cada uno escoge, es un momento de recogimiento con el pensamiento de uno mismo, a la vez que una alegría para el espíritu.

Debemos ser conscientes cuando nos llega el otoño de la vida para poder vivirlo intensamente incluso diciendo a los demás en que pudiera parecerse el otoño a la felicidad.

Ver caer las hojas del árbol languidece la mirada para observar como se posan en el suelo al compás de una música virtual que las acompaña en la caída para formar una alfombra única, irrepetible; ver el otoño de los árboles es como buscar un sueño personal, el sueño que hace pensar que a todos el ayer nos haya podido engañar, creyéndonos perennes sin ser conscientes que siempre se llega a esta bella estación para contemplar el pasado, pensando que todavía el mañana nos traerá algo bueno.

Respirar las aromas que nos brinda el otoño no es casual, poder acercarnos a esos matices tan extraordinarios que da la escala musical de las aromas; contemplar como se acerca el invierno y el fin de otro año para sentir esa nostalgia que nos sacude al pensar en los ausentes que tanto quisimos y que tanto queremos; el alma se vuelve muy vulnerable, languidece y se hace frágil, quebrarse en momentos de añoranza es fácil y continuar cuesta.

Desde la impersonalidad de la gran ciudad piensas en el pueblo y empiezas a valorar de nuevo la fortuna que supone tener un pueblo de esos que aún están vivos, muchos sucumben al olvido y los pueblos que sobreviven hacen que sucumbas tú cuando pesa el recuerdo o la soledad.

Es el momento de pensar en el regreso, el otoño se cierne sobre la vida y presagia que con el invierno uno se vuelve más vulnerable; el pueblo, el pueblo que pueda tener cada uno siempre está dispuesto a acogerte aunque sea circunstancialmente; en el pueblo se produce ese milagro que hace que la luz se vuelva dulce, que se vuelva miel.

Octubre 2025

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