De todos es conocido que en el siglo XVIII se entendía por democracia aquel sistema que los griegos implantaron y que en este siglo se consideraba cuando menos obsoleto; incluso se había demostrado en no pocas ocasiones lo poco viable que era el modelo porque generalmente degeneraba en anarquía y, aunque las críticas fueron feroces, incluso desde el lado dela Iglesiatuvo críticas suculentas; fue un jesuita italiano quien escribía en 1799 sobre la palabra “democracia” que dio en calificar como “demonocracia”, en definitiva una palabra proscrita, a punto de desaparecer y que lejos de ser erradicada tuvo por delante una dilatada vida y futuro.
Las etapas por las que pasa la democracia como palabra y como sistema son muchas y este no es el momento de hacer un tratado sobre esta cuestión, pero fue a partir de la Constituciónde 1812 cuando se define la “democracia como una forma de gobierno en la cual el imperio civil está en todo el pueblo y hay más libertad y más igualdad” que en otros sistemas, ya que “cada individuo tiene alternativamente parte en el gobierno y cuando el pueblo es muy numeroso y el territorio muy extendido y poblado, es necesario dividirlo en varios cantones, distritos o departamentos”, por lo que se hace necesaria una estructura federal, de corte más tradicional que propiamente representativo (Instrucción familiar política y moral, Madrid, 1812).
Tradicionalmente, desde los clásicos, las palabras democracia y representación de los ciudadanos no conciliaban ni tan siquiera podían exponerse pacíficamente hasta que Hamilton utilizara por primera vez la expresión “democracia representativa” , aun así se daba la exigencia de que el pueblo debe controlar muy de cerca a sus representantes, con un influjo claro de la doctrina de Montesquieu.
Este sistema representativo calificado en algún momento de “aristocracia electiva” o incluso de “democracia ficticia” sería el utilizado para llevar a cabo la Europa de las libertades, basada en “un sistema político que dando una intervención al pueblo más o menos lata, bajo ciertas fórmulas se gobierna un país arreglándose estrictamente a la ley” (Revista Española, 8-VI-1836). En otro periódico se habla de la “lucha de la democracia proletaria contra el pueblo industrioso y acomodado” (La Verdad, 2-IV-1838), lo cierto es que cada forma de gobierno trata a la democracia como traje hecho a medida, hasta el punto que los monárquicos hablan de “monarquía democrática”, por su parte los republicanos identifican la democracia y la república. Castelar en una intervención parlamentaria señaló como el principio de la democracia la “soberanía nacional” o “la autonomía de la sociedad, el derecho que tienen los pueblos a gobernarse por sí mismos” como también celebró la reconciliación entre la iglesia y la democracia proclamada en la encíclica “Inmortale Dei”, de León XIII, en la que se establecía “la compatibilidad completa del dogma católico secular con el régimen democrático moderno”; tampoco puede decirse que el marxista Pablo Iglesias tuviera especial clarividencia a la hora de enjuiciar el alcance de la democracia y afirmó que el sufragio universal no pasaba de ser una artimaña de la que “hipócritamente piensa valerse la burguesía para dar un barniz de legitimidad a su poder (El Socialista, 1886; Escritos y discursos).
Pío Baroja sostuvo que el “dominio de la masa” llamado democracia –“la palabra más insulsa que se ha inventado”- no es sino un “absolutismo de número”.
Hoy los pueblos forman parte de los gobiernos eligiendo a sus representantes políticos con el resultado que un presidente tiene menos jerarquía pero más autoridad que un rey constitucional.
La democracia debe tener mecanismos sanos que autorregule posibles excesos de quienes representan a los demás, tendencia humana –la de los excesos- ampliamente conocida y estudiada; cuando los ciudadanos delegan deben hacerlo en los mejores, a quienes entienden que son excelentes para administrar sus intereses; en definitiva es la representación entendida como expresión de la voluntad general; la representación lo es de un todo, de la nación en quien reside la soberanía y lo que se realiza es la delegación.
Es verdad que el sometimiento al interés general, cuando vemos ahora lo que sucede en nuestro entorno está menos garantizada que nunca y para ello como apuntaba Azcárate la opinión pública juega un papel extraordinario, idea esta que ya estuvo presente en los comienzos del liberalismo; Domeq en las Cortes de Cádiz dijo “No tenemos otro medio de llenar nuestra delicada misión. Por esto la opinión pública debe auxiliarnos con sus indicaciones y advertirnos de nuestros errores para ponernos en buen camino si nos extraviamos”.
Los indicadores rojos de las extralimitaciones políticas son tantos que preocupan extremadamente a una población cada vez mas informada y que sale más a la calle a protestar, las llamadas de atención no debieran echarse en saco roto; hoy se ha quebrado claramente la idea del servicio público de quienes aspiran a representar a los demás, ya no se puede argumentar que el político quiere ejercer como tal por el sacrificio que esa función puede suponerle en beneficio de la sociedad; estoy convencido que si desaparecieran determinados privilegios que estos tienen sobre el resto de la población se comenzaría de nuevo la senda correcta.
Nuestra historia más reciente está plagada de heroicidades políticas , casos como los dela Expode Sevilla, Roldán, BOE, Banco de España, Cajas de ahorros saqueadas por políticos a los que se les llena la boca de democracia y sacrificio, alcaldillos incultos y menos cultos que han hecho su carrera a base de extorsionar cuentas e instituciones, conocidos sus nombres e imputados por estafa y saqueo de dineros públicos y sin que les pase absolutamente nada, con una justicia que mira para otro lado permanentemente entre aforamientos y otros privilegios que da esa condición (ya hablaré de esta cuestión en otro momento); los ERE utilizados por políticos para beneficio propio, aeropuertos puestos en marcha sin justificación de ningún tipo con inversiones multimillonarias, líneas de AVE que nacen quebradas comercialmente por inutilidad pública, en fin podríamos estar hablando de casos y casos y además hacer de este ejercicio una lista interminable ante los que la ciudadanía no tiene por menos que resultar asqueada en un país de tantas y tantas necesidades.
Y yo me pregunto ¿porqué quienes han demostrado su “impericia” en la gestión pública vuelven de nuevo a cargos públicos, a gestionar dineros de los demás y la ley no actúa sobre ellos?; en la empresa privada quien provoca daños a los demás (acreedores) llegan a inhabilitarlo previo procedimiento judicial, ¿porqué en el caso de los políticos no es así y no se les exigen responsabilidades, no políticas, no, sino económicas respondiendo con su patrimonio como el resto de los mortales?, ojo y hablemos de la generalidad de los políticos y que se salve quien pueda que todavía los hay honestos.
Nuestra democracia hoy está sustentada sobre pilares poco ciertos como son la tiranía y apetencias de los partidos políticos que hacen y disponen quienes son los aspirantes a representarnos, es necesario no caer en el absolutismo oculto; es necesaria también una profunda reforma dela Leyelectoral, es tiempo ya de corregir todos los desvíos que desde el año 1978 ya están sobradamente demostrados y conocidos, aunque con el sistema actual los partidos naveguen en aguas tranquilas.
Es claro que a nuestra democracia le falta algo de aliño para poder degustar un buen entrante en la comida; si seguimos degustando la democracia con estos perfiles terminaremos tirando a la basura lo que no satisface y entiendo que debiéramos tener buenos ingredientes a estas alturas y estoy seguro que los tenemos pero no podemos quedarnos cortos en el aliño, y tampoco pasarnos. La sociedad está avisando, ¡cuidado!.
Mariano Avilés – jurista
