7 diciembre 2019

ANARQUÍA Y TOTALITARISMO DEMOCRÁTICO

Publicado por maviles en Sociedad

El cielo ve y oye cómo ve y oye el pueblo. Si los gobernantes gestionan los problemas sociales con justicia y rectitud, la aprobación del cielo se manifiesta por medio del pueblo; en caso contrario son derrocados y otra dinastía los sustituye   (Shu Jing siglo IX ).

“No resulta fácil entender el comportamiento humano en el devenir de la historia, ni tan siquiera resulta fácil tratar de entenderlo.”

Hasta 1869 la palabra anarquía era definida como “el Estado que no tiene cabeza que le gobierne”; después se incorporan dos acepciones “La falta de todo gobierno en un Estado. Desorden, confusión por ausencia o flaqueza de la autoridad pública”. Anarquía ha sido una de las grandes doctrinas sociales del ochocientos, durante la mayor parte del cual fue una palabra maldita.

El Censor General en 1811 se preguntaba: ¿Qué hace la anarquía para prevalecer? Y era respondida en el sentido perverso al que me refiero: Confundir los derechos de propiedad, armar al pobre contra el rico, abolir toda institución de orden, hacer de cada hombre un soberano y de cada voluntad una ley”.

El terror provocado por los numerosos actos sangrientos explica la aparición de varios trabajos dedicados a indagar los orígenes del anarquismo. En 1897 Gil Maestre publicó un libro con el título “El Anarquismo en España y en especial en Barcelona”, en el que considera al anarquismo como una secta prácticamente desconocida, identificada erróneamente con el socialismo. Los anarquistas comenzaron a marcar diferencias con el socialismo con el que había estado ligado.

 “El socialismo que bello era y a lo que se ha reducido” exclamaba en 1893 La Conquista del Pan que añadía: “Hoy existe también un socialismo que solo sirve para engañar al pueblo con vanas promesas. El socialismo se prostituye en las casas reales y en los parlamentos, que se coaligan con los burgueses, que se postran ante los ministros”.

El líder anarquista Federico Urales distinguió entre socialismo ácrata y demócrata. El primero quiere destruir el Estado al objeto de que la iniciativa  individual pueda desarrollarse, mientras que el segundo sería la versión marxista de la antigua doctrina común, la que pretende encauzar la revolución y llevarla a la posesión del Estado.

En el siglo XX se ve consolidado el término anarquismo, cuando el diccionario de la DRAE de 1914 lo introdujo  y a partir de ese momento comenzó a despuntar otro término “libertario”.

No fue precisamente bien entendido el concepto “orden” en los tumultuosos tiempos de los que vengo hablando. El periódico anarquista La Federación  atribuía la palabra orden a “aquellos que no quieren la transformación radical de la sociedad”. El periódico representaba un pensamiento internacionalista en pleno auge y aspiraba a “la liquidación o ausencia del poder central,”

En 1884, ya en plena Restauración, Cánovas del Castillo en un discurso pronunciado en el Ateneo de Madrid vinculó el orden y la propiedad al afirmar que si la autoridad y el derecho de propiedad “no se compenetran hondamente y recíprocamente no se defienden, tienen una y otro que perder su eficacia en el orden social”.

No resulta fácil entender el comportamiento humano en el devenir de la historia, ni tan siquiera resulta fácil tratar de entenderlo.

Los movimientos de masas los estudió de forma magistral Ortega y Gasset. Analizó el tránsito de la masa como conjunto de personas no especialmente cualificadas y de la muchedumbre como concepto cuantitativo y visual; por contra las minorías son individuos o grupos de individuos especialmente cualificados. El individuo que es masa no se valora a sí mismo y por tanto no ha llegado a ese punto de crítica personal que le hace situarse en un lado o en el otro.

Para tener identidad propia el individuo debe separarse de la masa y la muchedumbre que es lo que hacen algunos líderes de izquierdas; proclaman el movimiento de masa y de muchedumbre y una vez formada la multitud e integrados como líderes en ellas se separan para tener identidad propia proclamando la bondad de lo que la multitud y la masa quieren pero sin terminar ni de identificarse pero tampoco de desligarse. La masa arrolla todo lo diferente.

Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo, corre el riesgo de ser eliminado, es el imperio de las masas; un totalitarismo disfrazado que pone a la sociedad y al individuo en peligro constante.

Asistimos a una hiperdemocracia que se confunde con el totalitarismo por cuanto de control supone de la persona. La democracia simple, esa que casi todos deseamos está basada en una buena dosis de liberalismo y entusiasmo por la ley y el orden.

Basta observar los acontecimientos sociales más recientes y los movimientos de masas para entender que la democracia está enferma, cada día más enferma, a lo que contribuye en gran medida la facilidad de comunicarse, la tecnología y las redes sociales; se crea masa constantemente, que no es crítica, simplemente las personas nos integramos en la masa y en la muchedumbre sin distinguir lo bueno de lo malo, sin análisis previo ni crítico; nos dejamos llevar por la corriente. La masa calla y es difícil moverla por sí sola, aunque cuantitativamente sume.

 Ahora todo es feminismo (negación de la mujer), todo es machismo (negación del hombre), todo consumismo (negación de la satisfacción de disponer de algo), negación del medio ambiente y lucha por el clima (negación de los buenos usos y costumbres de nuestros recursos), la hiperdemocracia (control de la libertad, al límite)….y así un largo etcétera. Una sociedad que lleva al extremo los hechos sin que el sosiego y la razón brillen, es una sociedad que está abocada al fracaso, al error, a su propio exterminio.

Como dijo Ortega y Gasset, “la masa cree tener el derecho a imponer y dar vigor de ley a sus tópicos de café”. Ya entonces dudó Ortega que la muchedumbre llegase a gobernar tan directamente con la hiperdemocracia.

Cada persona vive hoy en todo el mundo, se ha globalizado, sentimos la proximidad de lo lejano, sumamos conceptos, dificultades, culturas, movimientos migratorios…y al final sumamos tanto que podremos darnos cuenta que en la era de la información posiblemente sepamos menos de todo siendo parte del todo, es decir, casi nada; el todo absoluto es inabarcable, de ahí que el líder se desgaja de la masa para hacerse único, hacerse a el mismo, con identidad, para que desde su pedestal pueda manejar a la masa social.

Mariano Avilés – jurista

Noviembre 2019  

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