Esta imagen de un niño ante los restos de su casa desgraciadamente no han perdido actualidad. Fue en el año 1982 cuando la Asociación Cultural Ábrego de Alcázar de San Juan publicó un libro de varios autores titulado “Arcón de poesía”; en dicho libro se incluyó este poema bajo el título “Un niño lloraba anoche”. Lo escribí un año antes y recibió el premio de poesía del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan; jamás pude pensar que hoy, cuando han transcurrido treinta y cinco años desde que lo escribí y se publicara, su mensaje estuviera tristemente de total actualidad.
El poema es corto, con intensidad desbordante de dramatismo y entre sus estrofas hago aparecer el dibujo desgarrador que ilustró el poema en aquel libro.
Me gustaría que lo tomáramos todos como denuncia de las guerras que de forma inmisericorde machacan día a día a poblaciones inocentes, civiles que se ven obligados a abandonar su país en busca de un poco de paz y seguridad. Un NO a la guerra supone un grito de rabia contra aquellos que hacen de las armas un negocio lucrativo y un modo de vida abrazando a la muerte, sin importar las vidas que arrasa.
UN NIÑO LLORABA ANOCHE
Un niño lloraba anoche
en la puerta de su casa
con un puño cerrado,
la otra mano vagabunda,
fue a posarse a su cara.
Estruendosos golpes oía
perdido entre la chatarra
producto de una causa alta
que aún no ha sido fijada.
Un grito de dolor se pierde,
sin saber de quién es, ni nada;
un último suspiro llega
ruidoso y seco como un arma.
“No llores niño, no llores,
que ya llega la mañana”.
Cuando el alba aparecía
por lo alto de una alambrada,
vi el horror de la guerra
y clamé a Dios con más gana:
¡Que exista paz en el mundo!,
que se vuelva a escuchar la calma,
y aquél niño que hoy llora,
mañana no empuñe un arma, porque…
un niño lloraba anoche,
en la puerta de su casa.
Mariano Avilés, jurista , 1982


