Cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos
claros de la muerte,
se dicen las verdades, las bárbaras,
terribles, amorosas crueldades,
amorosas crueldades.
“Palabra”, bella palabra, instrumento gratuito que a veces se paga a un precio caro sin darnos cuenta; en muchas ocasiones no se valora suficientemente las posibilidades que tiene el poder de la comunicación con las palabras manifestadas en todas sus formas, hablada, escrita, poesía…la música esta compuesta de palabras armoniosas que rozan la elegancia; también son palabras esos silencios que están llenos de contenido aunque no se pronuncien.
Con ella, con la palabra, se dicen las verdades, las bárbaras, terribles, amorosas crueldades que nos ayudan a entender el comportamiento humano lleno de contradicciones y tropiezos; la fuerza de la palabra para manifestar sentimientos, reproches y para decir lo que queremos que se nos escuche. En el vídeo que le presento a continuación Pablo Neruda, muerto ahora hace cuarenta años, expresa con la fuerza de la palabra, sentimientos que se pueden tocar con los dedos:
http://www.youtube.com/watch?v=eTlrnE-oh4c
Con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 se dieron los primeros pasos hacia la libertad de expresión, se ganó el principal eslabón de la cadena de valores que una persona puede tener, la fuerza de la palabra, algo que está por encima de todo tipo de derechos y fundamentos, de concesiones jurídicas y de los regímenes democráticos que promulgan derechos casi siempre incumplidos cuando no maltratados; es la palabra libre la que siempre perdura y que tanta sangre ha derramado en la vida de los pueblos; aun no pudiéndola ni medir ni pesar, la palabra, es oro para quien la utiliza desde la libertad incluso para aquellos a quienes les hayan reducido o quitado sus derechos, aun les debe quedar la palabra e incluso convertida en poesía que es un “arma cargada de futuro” como dijera el poeta Gabriel Celaya.
El filósofo Julián Marías afirmó que ”la posibilidad de la palabra en libertad es fruto de la convivencia del ser humano en la sociedad”, pese a que las estructuras políticas de los países en un mundo globalizado no entiendan de personas…
Porque vivimos a golpes
porque apenas sí nos dejan
decir que somos quien somos.
Nuestros cantares no pueden ser
sin pecado un adorno;
estamos tocando el fondo,
estamos tocando el fondo.
Esta es una sociedad necesitada de gestos básicos para subsistir y seguir creyendo en el futuro; las palabras se me antojan ahora un bálsamo, una vía de escape que no se puede cerrar ni contener, una fuerza que impulsa la voluntad de seguir cuando se ha caído tan bajo que es imposible caer más; y pese a eso cada día un nuevo mazazo golpea nuestras voluntades y cuestiona nuestra existencia como individuos, amenazados en la libertad de las supraestructuras creadas a imagen y semejanza de quienes mandan, con desigualdades cada vez más pronunciadas.
Cuando ya nada se espera
personalmente exaltante
mas se palpita y se sigue
más acá de la consciencia,
fieramente existiendo,
ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea
las tinieblas,
que golpea las tinieblas.
Y la palabra está siempre ahí, presente en nuestras vidas, aunque muchas veces las duras palabras quisiéramos transformarlas en poesía, esa “poesía para el pobre, poesía necesaria, como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser en tanto somos”; al final necesitamos que se nos respete la palabra y la posibilidad de decir las cosas como realmente queremos decirlas para que se nos conozca; nuestras palabras cualquiera que sea la forma en las que se pronuncien; son nuestro legado.
La palabra, como la poesía, no hace falta que sea “gota a gota pensada”, tampoco hace falta que sea “un bello producto”, ni “un fruto perfecto, es lo más necesario, lo que no tiene nombre, son gritos en el cielo, y en la tierra son actos” por los que al fin se nos conoce….nuestras palabras.
Hoy, como siempre con mis palabras quiero transmitir mi compromiso con la sociedad por un mundo más justo y más amable, palabras que “cubren todo el abecedario” para demostrar que en el mundo globalizado hay muchos mundos bien distintos; palabras dichas y escuchadas que se van “deshojando día a día, palabras que deforman nuestras vidas, palabras que destruyen la alegría”, palabras que duelen, palabras que se clavan “como dardos en la mente”, no son simplemente palabras…..
pero nos quedan
algunas palabras
palabras de amor, palabra de honor
en nuestras miradas
Las complicidades que se crean con la expresión y con la lectura de las palabras escritas son magníficas; hay palabras que “arañan y atraviesan las distancias, palabras que atraviesan la sonrisa, palabras dichas sin ninguna prisa”, hay palabras, palabras…..palabras dichas desde el alma.
Los poetas han cantado a la palabra, los músicos han interpretado la palabra, los políticos han maltratado la palabra utilizándola para confundir, la conciencia de todos se hizo palabra, palabras “en el exilio, en el destierro, en las esquelas”…en las distancias; pero aún nos quedan palabras.
La cantante Mari Trini, lo interpretó magistralmente en una de las más bellas canciones dedicadas a la palabra y que en el siguiente enlace puede volver a revivir; en una explosión de sentimiento sobre la palabra Antonio Machado sentenció con estos versos:
Ni mármol duro y eterno,
ni música ni pintura,
sino palabra en el tiempo.
El tiempo de la vida, lo que uno es, lo que ha querido ser, todo lo que a veces se desaprovecha con la misma facilidad con que se tira un anillo o un candado al agua para olvidar; al final, “si he perdido la voz en la maleza…., me queda la palabra”.
Si he sufrido la sed, el hambre,
todo lo que era mío y resultó ser nada.
Si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los ojos para ver el rostro
puro y terrible de mi patria.
Si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
Duros versos de Blas de Otero magistralmente interpretados por Paco Ibáñez:
http://www.youtube.com/watch?v=liBJ833Xbbg
Mario Benedetti dijo que “la palabra es tan libre que da pánico, divulga los secretos sin aviso e inventa la oración de los ateos, es el poder y no es el poder del alma y el hueso de los himnos que hacen patria”.
La palabra tiene mucho de aritmética: divide cuando se utiliza como navaja, para lesionar; resta cuando se usa con ligereza para censurar; suma cuando se emplea para dialogar, y multiplica cuando se da con generosidad para servir; conservar la palabra es conservar un tesoro que acompaña a la persona y aunque a lo largo de la historia de los pueblos se ha demostrado que los derechos y libertades, sea cual sea el régimen en el que se den, se quitan y vulneran a placer, siempre tendremos el consuelo de que nos queda la palabra.
Mariano Avilés- jurista

