Este otoño que acaba es especial, lo que está pasando por mi ánimo se traduce en un lamento profundo que nace de la sensibilidad de lo que fue y lo que queda; preso de tantos sobresaltos por todo lo perdido en tan poco tiempo.
Es un otoño cruel, de sosiego y de café, que despoja de su magia las nostalgias para al final hacer desaparecer el encanto del tiempo vencido; hoy este árbol desnudo y desvalido me viene a recordar que nada es y que todo cambia.
Me alejaré cantando mi llanto desesperado preso de tantas sensaciones machacadas, incapaz de alcanzar al viento que pasó con una fría ráfaga y de un solo golpe arrebató las hojas que con gran cuidado guardaba y que ahora son recuerdo.
Aquel viento llegó sin pedir permiso, sin advertirlo, hasta sentir el frío de esta noche larga, de complicidad compartida; el viento se perdió por el infinito horizonte y ya no lo puedo alcanzar y con el, te fuiste tu.
Un soplo que dura poco y que impulsa a la reflexión; una lagrima que no se seca y que arrastra a la eternidad.
Los siglos han guardado situaciones de belleza excelsa como Haendel me vino a decir la otra noche entre susurros de armonía silenciosa, para que llorando de emoción por la derrota sufrida, buscara la libertad.
http://www.youtube.com/watch?v=Dtl90ZuVfm8
Déjame llorar
mi cruel suerte,
y que suspire
por la libertad;
y que suspire…
y que suspire…
por la libertad.
El dolor infringe
este sesgo
de mi martirio
sólo por piedad;
de mi martirio
sólo por piedad.
….tan corto y tan bello.
Mariano Avilés – Jurista

