La decadencia social en la que estamos instalados, hace que desaparezca la noción de ejemplaridad que no es otra cosa que el reconocimiento de que hay una manera justa y adecuada de hacer las cosas. Para que la responsabilidad sea entendida como obligación de quienes mandan frente al resto de la sociedad sometida, hace falta una justicia independiente y firme.
Posiblemente la tormenta sea tan grande que es imposible achicar el agua con un cubo, como imposible es que alguien que esté subido sobre un cubo quiera elevarse tirando del asa hacia arriba.
Resulta difícil para los ciudadanos vivir con esta pesada carga en la que se ha convertido toda la extraordinaria estructura del Estado con sus beneficiarios insaciables, quienes lejos de contribuir a la prosperidad y de sumar, son la rémora de la que todos quisiéramos desprendernos y no tener que hacer operaciones de resta cada segundo de nuestra vida, sobre nuestros trabajos, derechos, hacienda y/o patrimonio.
La decadencia social en la que estamos instalados, hace que desaparezca la noción de ejemplaridad que no es otra cosa que el reconocimiento de que hay una manera justa y adecuada de hacer las cosas, a esto nos ha llevado la mediocridad de quienes han gobernado en los últimos tiempos; Ortega llegó a definirlo como “la ausencia de una minoría selecta , suficiente en número y calidad”.
Una nación es una masa humana organizada, estructurada por una minoría de individuos selectos, llegó a decir el mismo Ortega en la “España invertebrada” (1921) insistiendo en que los hombres selectos no son los que se creen superiores a los demás, sino los que más saben exigirse a sí mismos, para llegar a una loa a la vida noble frente a la vida vulgar.
A finales de 1921, el diario La Correspondencia de España hizo una encuesta a una serie de personalidades que debían contestar a la pregunta “¿Qué opina usted sobre el porvenir de España?. Muchos de los interrogados se mostraron pesimistas, echando la culpa a los malos gobiernos y lamentando la arbitrariedad, la injusticia, la embustería y el descrédito a la vez que sostenían que sólo “un corazón de ciudadano libre” podría salvar el “deshonor de España ante el mundo civilizado” (El Mercantil Valenciano, 6-1-1922).
Entre las funciones/obligaciones que tiene el Gobernador del Banco de España están la de supervisión de la entidades financieras, la gestión de la deuda pública y el análisis de los indicadores económicos.
Respecto de la función de supervisar la solvencia y el cumplimiento de la normativa específica de las entidades de crédito ahí tenemos los resultados, Bancos fusionados, Cajas desaparecidas y quebradas que eran, y en algún caso todavía son, nido de avispas de políticos y sindicalistas con tarjetas de crédito para gastar sin límite, entidades financieras todas a las que una vez saqueadas se les ha tenido que inyectar dinero público (nuestro dinero) hasta límites insospechados, todo para no dejarlas caer y para evitar que cuantos conformaban sus estructuras directivas ingresaran de pleno derecho en las cárceles bancarias. Caja Castilla la Mancha, Caja de Ahorros del Mediterráneo, Bankia, y largo etcétera que no debemos permitir.
Ejemplos, como se ve, tenemos todos los que se quiera y no terminaríamos, las Cajas de Ahorro han proliferado como estructuras bien distintas a lo que inicialmente se entendió, sin cuentas que someter a las juntas de accionistas, han sido el mejor manual de aprendizaje para la extorsión y el saqueo desde el poder: Alcaldes de pueblos y ciudades, amigos, concejales, políticos de medio pelo que no se vieron en otra igual, liberados sindicales sin oficio pero con beneficio, cobrando tanto por hacer tan poco; esta es la importancia de las gentes que han ocupado y que todavía siguen ocupando cargos y puestos en consejos de administración que son socorridos con descaro por el Estado cuando financieramente lo necesitan.
El infausto recuerdo y el daño que ha dejado el paso del expresidente Zapatero por la vida de los españoles, para mayor gloria de sí mismo, para que su gestión sea contemplada como el perfecto manual del mal gobernante y que a estas horas aún no se le han pedido responsabilidades por ello, bien al contrario, le estemos pagando por formar parte del Consejo de Estado, posiblemente sea el de Zapatero el único consejo que al Estado nunca le interese; todo esto es también el claro ejemplo de los caminos equivocados que ha tomado este país.
Azaña dijo que los verdaderos políticos deben ser capaces de prever y de adelantarse a los acontecimientos, así lo tendría que haber hecho Zapatero, quien además de su impericia estuvo acompañado y animado por otros tantos incapaces que han vivido y crecido bajo su sombra, este es el caso de Miguel Ángel Fernández Ordoñez (MAFO), que fue nombrado Gobernador del Banco de España, un Banco que dejó de ser lo que era para convertirse en una imagen real de la ineficiencia por obra y gracia de quienes lo han venido gobernando, a este personaje a quien ahora la justicia llama, simplemente, para explicar el escándalo de Bankia, en lugar de estar procesado por su ineficacia en la “responsabilidad in vigilando” que debería haber ejercido respecto a todas las entidades financieras, que tanto dinero y disgustos no está costando.
Nunca se ha visto a tanto incapaz junto, cobrando de lo público y lo privado, acumulando sueldos y prebendas, retirados de oro que son el perfecto ejemplo de lo que no debiera existir, soportando la sociedad los gastos de sus caprichos, auténticas mafias funcionando desde esta impunidad conocida. La investigación carece de presupuesto, los estudiosos se quedan sin futuro y quienes contribuimos verdaderamente al sostenimiento del país llevamos el cartel colgado de «tontos de baba», porque los listos son ellos, hoy más que nunca hace falta la denuncia testimonial de esta sociedad dolorida por tanto y tanto oprobio infringido.
Para que la responsabilidad sea entendida como obligación de quienes mandan frente al resto de la sociedad sometida, hace falta una justicia independiente y firme así como una fiscalía que no marque el paso al ritmo de tambor que le dicta el gobierno de turno; una desvergüenza, porque lo malo de todo es que MAFO’S hay muchos en “Celtiberia show” y estos MAFO’S (incluso la larga lista de procesados de postín que nunca conocerán la cárcel) son el claro ejemplo de estas mafias instaladas entre nosotros.
En los siglos de la Edad Moderna hay amplia documentación sobre el sistema clientelista feudal – y también no feudal en ciudades y pueblos- sobre la protección, que funcionaba como la mafia , y tenía sus hombres fieles, sus administradores y capataces; los feudos siguieron y hoy siguen perteneciendo a los antiguos barones, que continúan siendo los poderes reales, pese al malestar y las rebeliones campesinas de entonces y el creciente malestar social de hoy que ya empieza a crear urticaria en la piel de los políticos quienes creen que se va a pasar aplicándose o maquillando con un poco de pomada.
Hoy las mafias van más allá del concepto siciliano para expandirse por el resto del mundo, por el abonado campo de la cultura mediterránea, ligadas a formas políticas más abstractas y generales, y a formas de Estado y de gobierno coincidentes con el sistema clientelista, donde el Estado es débil y delega poderes.
La definición de mafia ha ido variando en el tiempo y pasó de significar “miseria” a ser el equivalente a “prepotencia”; así mafioso es quien controla una situación, quien se las arregla por sí mismo, incluso quien se burla de la justicia; en el devenir de la historia llega a una etapa de institucionalización y tuvo que demostrar que era capaz de realizar actividades de gobierno, como autoridad superior, juez y consejero; por eso se hizo necesario que el mafioso se viera investido de funciones públicas para salvaguardar las leyes tradicionales y el orden constituido, asumiendo poderes que normalmente ejerce el Estado. Al contrario que el gánster, el mafioso no hace manifestaciones vistosas de poder, trata de pasar desapercibido, se autolimita, una vez que todos saben que es un hombre de respeto.
Nuestro castellano es generoso y nos aporta la figura del cacique, ese personaje que quiere tener más dinero que los demás y más poder que la mayoría. En su versión económica, el cacique es un miembro de la comunidad que destaca de los demás por su posición, es alguien que tiene más posibilidades que la mayoría, sino que, además, es quien puede disponer por su gestión de la economía general, que está por encima de los demás, excepción hecha de sus iguales.
El cacique, como el mafioso tiene la posibilidad de mantener a una serie de vecinos, de ofrecerles trabajo o de beneficios en alguna otra cosa, por lo que el cacique puede ser definido políticamente. En efecto, teniendo en cuenta que la adjudicación de tales beneficios es siempre graciable –como sucede hoy en los partidos políticos si una legislación adecuada no lo arregla- lo mismo le puede conceder su favor a uno que a otro; se entiende que tácticamente es rentable llevarse bien con el cacique, con el fin de hacerse acreedor de dichos favores, o de no perderlos.
Las estructuras de poder democrático han devenido a gestionar el clientelismo fiel, aquel al que conviene satisfacer para que se alcance el objetivo; desde aquí se puede concluir que conviene al político servir al partido y no a quien representa –la sociedad- porque hoy por hoy quien elige al político no es la propia estructura social que vota y mantiene el sistema, sino el partido que le toca con el dedo de su gracia y lo convierte en agraciado; La soberanía popular hoy por hoy es una falacia, este es el cáncer de la democracia, ahora queda pendiente una iniciativa popular que obligue a esta reforma legislativa necesaria, porque nunca se producirá este cambio a propia iniciativa de los partidos políticos porque va contra su propia naturaleza y esencia.
Groucho Marx ese personaje especial que siempre decía que había nacido en una edad muy temprana mostró magistralmente la realidad de la condición humana, dándole la verdadera dimensión desde la que se trasluce lo maleable y flexible que puede llegar a ser, dependiendo de los intereses de cada momento. “Estos son mis principios, si no te gustan tengo otros”, esta es la realidad a la que, lamentablemente se ha llegado, en el que los cambios de criterio de nuestros políticos defraudan día a día nuestras aspiraciones, nuestros esfuerzos y nuestra seguridad. Es llegado el momento en el que debemos reivindicar con todo el rigor necesario que se nos respete por parte de quienes gobiernan y de las instituciones, haciendo del lema de “igualdad ante la ley” una realidad.
Termino con esta secuencia genial e inconfundible de los hermanos Marx que nos hicieron comprender con sus películas la lógica aplastante del absurdo, cuando lo ejercita el ser humano : http://www.youtube.com/watch?v=AaO1FzE6J9I
Mariano Avilés – Jurista

