22 noviembre 2025

Abandono mi vestimenta de jurista para coger la de titulado en psicología ya que me faltaron dos cursos para alcanzar la licenciatura en tan interesante ciencia. Abordo en esta ocasión el tema del amor desde la perspectiva del comportamiento de la persona y además de quien, como yo, tiene ligeros conocimientos para tratar asunto tan complejo y delicado desde la psicología y el comportamiento humano.

A la pregunta ¿Qué es el amor? No es fácil responder de forma cierta, aunque voy a intentar sumergirme en lo que parece un elemento más del comportamiento humano que flota en el aire. El amor creo que es una tremenda exageración de la diferencia que hay entre una persona (la amada) y las demás.

El amor no debe ser una ilusión, ni un espejismo (algo irreal), el amor es una realidad pese a que todos estamos llenos de contradicciones, de egoísmos que en el caso del amor tiende a aminorar e incluso a hacer desaparecer estos defectos; celos que en el amor se pueden incrementar, y aún así las personas no somos felices, el amor es la versión dulce de la existencia de dos personas que lo justifica todo; el amor nubla la vista y los sentidos e incluso los anula.

San Agustín habló y escribió mucho sobre el amor mundano y el sobrenatural. “El amor es una locura temporal -dijo-. Entra en erupción como un volcán y luego se desploma” “El amor no es ahogo, no es excitación, no es promulgación de promesas eternas de pasión”, porque la medida del amor es la de amar sin medida; el amor comienza con una sonrisa, crece con un beso y termina con lágrimas. Cuando San Agustín dijo ”Ama y haz lo que quieras”, está contemplando la universalidad del amor.

Creo que el amor real es la belleza del alma, una persona con el alma bella es una persona enamorada. El amor es valiente ante los sufrimientos y responsabilidades. Si no hay un amor intenso, el hechizo de ese sentimiento real desaparece con la convivencia para transformarse en amistad, en un episodio de existencia vital sin más por ello hay que esforzarse en recuperar lo perdido.

Todo esto se descubre cuando la fantasía maravillosa choca con la cruda realidad y entonces ya es tarde para recuperarla. Ante la pérdida del amor la persona se siente huérfana, abandonada y pasas de acostarte con quién en algún momento fue tu amor a sentir que te estás acostando con un extraño.

Para amar a quien se quiere hay que saber elegir, sin precipitarse, haciendo del tiempo un aliado para alcanzar la felicidad y la satisfacción de estar con los tuyos; precipitarse en la elección de la persona a la que terminarías amando es un error que casi siempre resulta traumático y con mala reparación; el enamoramiento es un camino que hay que recorrer pausadamente porque puede ser una ficción.

Las dificultades en la relación de una pareja se presentan sin avisar; no es fácil en muchas ocasiones la comunicación y eso lo dificulta todo; si callas hay que hacerlo por no contribuir al conflicto, y si hablas hay que hacerlo por amor.

Reir, llorar junto a la persona amada son manifestaciones que nacen del alma. ¿Qué hacemos las personas para que pase el amor?, creo que la respuesta es nada, no hacer nada por conservarlo, la nada es un horizonte plano. Los años desgastan el amor y lo convierte en amistad que también tiene su punto de belleza.

Hablar de todo, sobre cualquier tema de interés, a veces no es fácil, incluso puede existir vergüenza con determinados asuntos escabrosos sobre los que la pareja no está acostumbrada a abordar; la falta de confianza es determinante cuando la comunicación se ha cubierto con el manto del olvido y no deja de ser una sensación terrible de haberse perdido el tiempo vivido en una oscura cueva que ya es difícil explorar.

Debemos saber ordenar nuestros sentimientos conforme a un criterio responsable, valorando riesgos, daños periféricos y consecuencias que luego suelen lamentarse. La afectación a la familia, a los hijos no es un tema baladí es, bien al contrario, factores a tener muy en cuenta. Una persona que tenga la mente bien amueblada puede hacer un escarceo y jugar con los sentimientos, pero su ego le debe reconducir al lugar adecuado y confortable abandonando el lugar peligroso que una ilusión pudiera haberle creado.

Escuchar una canción juntos y emocionarse, incluso crear un himno propio que retrotraiga a la pareja a los mejores momentos, volver a ilusionarse; el amor es examinar los problemas para hacerles frente, el amor es dolor y pasión, el amor tiene un punto de adoración interpersonal, el amor es perdón; el amor eterno (que existe) hay que procurar mantenerlo, quitarle las goteras, pintarlo y limpiarlo, el amor es fundirte con tu otro yo, el amor es constante recuerdo, el amor es comprender, el amor es inabarcable, es paciencia, virtud escasa en estos tiempos.

Saber conservar a la persona amada es una tarea de diseño por lo complejo, conocer qué necesidades tiene, saber qué le atormenta y tratar de sanar los huecos que van apareciendo en la vida; importante es igualmente saber soltar si una relación se ha interpuesto porque supone un lastre para la evolución personal dentro de la estructura familiar; valorar que no se debe estar amarrado a una relación temporal e inconsistente es conveniente y dejar enfriar para volar libre en la conciencia. A veces te puedes sentir atrapado en esa relación efímera de la que desearías prescindir y las circunstancias personales y emocionales lo impiden, ahí y solo ahí se demuestra la fortaleza de la persona. Cuando estudiaba la carrera de psicología pude entender la importancia e influencia de nuestra mente, pude comprender las traiciones que nos causa y como los profesionales de la psicología reparan las emociones al igual que el médico repara la salud del resto del cuerpo.

El síndrome del corazón roto es una realidad desencadenada por una emoción intensa como puede ser una pérdida, una separación o una fuerte discusión. La desilusión amorosa por expectativas que pudiéramos creer no cumplidas puede causar un trauma emocional profundo con ramificaciones físicas; todo lo dicho demuestra la complejidad de las relaciones humanas y el misterio de la naturaleza de esas relaciones; considero que cuando dejas una relación seria, no solo se deja ir a la persona, dejas ir las esperanzas, los sueños y todo aquello que mentalmente habías forjado durante el tiempo que pasaron juntos.

Puede haber alivio al escapar de una relación, pero también se pierde algo de amor; navegar por el proceloso mar de emociones y sentimientos es un desafío que en ningún caso es fácil. Aquello que se compartía se queda hueco, sin contenido, y deja de existir, lleva a la angustia emocional, lleva a lo desconocido, por eso hay que luchar para recomponerlo.

Las rupturas hay que atravesarlas, no se deben rodear; identificar las causas del naufragio facilitan la curación; hay que reflexionar sobre los sentimientos y aceptarlos sin juzgarnos ante emociones complejas que nos lleva a sentir una mezcla de alivio, tristeza y nostalgia. Cuando se produce una pérdida debemos procesarla de manera saludable y dándonos el tiempo y el espacio que cada persona necesitamos  para adaptarnos a los cambios, porque una ruptura puede provocar (y de hecho provoca) estrés, ansiedad e incluso depresión.

Romper una relación puede llegar a ser difícil o fácil y es un recordatorio de lo complicadas que pueden ser nuestras emociones. Tener paciencia y ser amable con uno mismo son factores importantes en un proceso de curación y reconstrución, para convertirte en una persona más fuerte y segura hasta encontrar la necesaria paz espiritual en esa relación que pensaste estaba rota y no era así sino que la mente nos traicionó llevándonos a presagiar la comisión de un grave error.

Noviembre 2025

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