29 enero 2012

YA ESTAMOS EN EL SIGLO XIX

Publicado por maviles en General

 La mala gestión económica y administrativa nos ha llevado a un recesión económica sin precedentes situándonos en niveles del siglo XIX que por su semejanza se analizan. En este caso también, la culpa es de otros, posiblemente de los ciudadanos irresponsables que somos; nunca de los políticos

 

¿ Realmente sabemos dónde estamos en el terreno económico?, creo que no, ni tan siquiera el Gobierno, con los poco días que lleva . Yo aprendí de mis maestros que la economía no era más que un mero apunte contable, y según se quiera así será; ahí tenemos las cuentas de las Comunidades Autónomas, una verdadera sangría de los dineros de los ciudadanos para mayor gloria de quienes han gobernado sin control en beneficio de no se sabe quien ni para qué.

 

Lo que está pasando en España, con esta crisis que nos aplasta no es nuevo, ya en siglo XIX ocurrió exactamente lo mismo, una crisis que limitó la acción del Estado por insuficiencia financiera y por no conocer la riqueza real del país; entonces se carecían de datos estadísticos e instrumentos para detectar el fraude y el predominio de los impuestos indirectos sobre los directos dejó la justicia fiscal maltrecha.

 

La estructura del gasto era muy dispar; la sanidad, la educación y la beneficencia, eran palabras de bajo presupuesto comparado con la partida destinada a la atención de la deuda, a las clases pasivas o al sostenimiento del clero que empezaban a verse compensados por la incautación de los bienes eclesiásticos; así era el Estado Liberal que no podía dejar de pensar en el componente ideológico de la religión.

 

La debilidad financiera lastró de forma importante el desarrollo de la economía, con un progresivo  incremento de la deuda pública encareció el precio del dinero en los mercados españoles que afectaría a la balanza de pagos, el crecimiento industrial, el sistema financiero y a la inversión privada; además los altos tipos de interés y el déficit presupuestario lastraron la acción estatal.En España nunca se ha respetado la doctrina del laissez-faire, pensada para economías ágiles y desarrolladas.

 

Manuel Colmeiro (1850), que fuera profesor de derecho público e historia económica de varias generaciones de universitarios, en el manual que entonces se utilizaba dijo que “la máxima obrar o no gobernar demasiado (…) carece de exactitud en el fondo y de conveniencia en la aplicación. Si es cierto que debe la Administración respetar la libertad individual, también es cierto que para regular el ejercicio de estas fuerzas (económicas) dentro del Estado se necesita  un poder activo y fuerte (…) el Gobierno no solo es un escudo; es también una palanca”.

 

Ya entonces, desde el Gobierno parecía percibirse el problema con claridad y ¿qué pensaron entonces para impulsar el crecimiento económico y el desarrollo industrial?, pues teniendo en cuenta las limitaciones reales de la economía y el ambiente intelectual, se pensó en reformar la administración estatal para que con la creación del Ministerio de Fomento (1832) se fomentara el aumento de la riqueza nacional, lo que no llegó a materializarse por la insolvencia de la Hacienda pública y los prejuicios intervencionistas que limitaron la acción del Estado.

 

Fueron los gobiernos progresistas los que cambiaron la tendencia decrépita de la Administración, adoptando un modelo basado en la libre importación de capitales, tecnología para modernizar las comunicaciones y poner en explotación los recursos mineros.

 

Salvemos las distancias de los tiempos, aunque los resultados de las políticas practicadas no han variado en exceso desde entonces hasta ahora donde la actualidad enmarcada fundamentalmente por la creación, por mandato constitucional, de diecisete estados paralelos dispuestos a gastar, con el agravante de que si consideramos que el régimen parlamentario se sustenta sobre las mayorías, hemos tenido el caldo de cultivo perfecto para “la extorsión legalizada” de las minorías parlamentarias y los partidos nacionalistas que con un mínimo apoyo a los gobiernos han conseguido, tradicionalmente, extraordinarios beneficios, desde el punto de vista eonómico y desde el punto de vista propagandístico para sus partidarios.

 

Hoy el partido socialista está en su propia guerra interna; cuando se contemplan a las personas y su discurso, de nuevo retrocedemos en el tiempo, a las cavernas.  Hoy leo que José García Abad, hombre de izquierdas, cuando le preguntan sobre la sucesión de ZP dice “los delegados eligen entre lo malo y la peor”; Una pena, porque España necesita dos partidos fuertes y serios que junto a una reforma de la ley electoral haga que electoralmente no dependamos de los nacionalismos esquilmadores y victimistas ; una pena digo, que el partido socialista no saque nuevas caras a la escena política que dejen de evocar los episodios policiacos y de leyenda negra que aun les persiguen y de los que los tribunales terminarán dando cuenta; son esos y esas que, por error, creen que no somos capaces de vivir sin ellos; sin duda hubiera sido un buen momento de regeneración y se va a quedar en una ocasión perdida que todos lamentaremos; en cuanto al Gobierno actual, a lo suyo, que tiene tarea y dura, porque se le van a exigir resultados.

 

Mariano Avilés – jurista

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