Como la vida misma; las personas aún recién nacidos nos enfrentamos desde el nacimiento a temores que surgen en los sueños; La infancia es un periodo de la vida en el que reina la imaginación y la creatividad que nos lleva a los temores y los miedos propios del momento e incluso de los que en el entorno se forjan con cuentos y personajes llamados “asustachicos”; temores que a medida que se van cumpliendo años van cambiando la cara y su aspecto hasta acondicionarse a la mente y circunstancias de la persona que los alberga.
Temas como la salud, nuestro futuro profesional, la familia, la muerte y tantos parámetros que jalonan los archivos de la vida de las personas se van adaptando como un guante con la edad; todo se referencia a nuestros fundamentos personales, a la educación recibida, a la situación económica, al entorno político, a la religión; se trata de evitar turbulencias y sortear las borrascas para quedarnos quietos, tranquilos, deseando que no se nos agite desde el exterior, algo que normalmente no sucede.
No soy experto en este tipo de emociones por lo que si cometo algún atropello a la neurología o a la neurociencia espero que se me perdone. Cualquier persona padece y alberga temores, como padece y alberga miedos según dicen los expertos sobre las cosas ocultas de la mente, y esos padecimientos están dentro de lo normal si no se cruzan determinadas líneas.
Temor a los cambios, a la soledad, a la incertidumbre sobre el futuro e incluso el presente, la pérdida de libertad entre otros derechos fundamentales para las personas; no podemos evitar que sucedan cosas malas, pero sí podemos impedir que el miedo nos impida vivir.
Nadie se puede librar de sus temores y de sus fobias, no es fácil una sociedad como la nuestra, forjada a base de destruir todo lo anterior en busca de un falso renacimiento , como si este pretendido renacimiento fuera a iluminar una mejor existencia y calidad del género humano, cuando no es cierto.
Pero ¿Y los miedos?, ¿qué hay de los miedos? Vivir sin miedo dicen que no es posible, el miedo es necesario, para crecer como persona. Sófocles afirmó que: «para quien tiene miedo, todo son ruidos«; ese ruido incómodo que diría Joaquín Sabina “hubo tanto ruido que no se oyó el ruido del mar”, “ruido de amenazas, ruido de abogados, ruido envenenado, ruido y más ruido, demasiado ruido”, y añado, demasiados miedos.
El miedo es un mecanismo de defensa que se activa ante la percepción de un peligro. Todos tenemos temores y miedos y en mi caso, he de confesar que entre mis miedos “preferidos” está el gobierno actual, que ha colocado a España y a los españoles en una situación dramática; ¡ante las formas de este gobierno que tenemos en el año 2022 siento miedo!, miedo de amenazas, pavor por estar en manos de lo peor como gobernantes, como personas que destilan ideología comunista trasnochada y sin cabida en el siglo XXI, aplaudido por pura escoria que le sirve de comparsa, con aspiraciones de repartir pobreza para los demás, reparto que contemplan desde el acomodo y el bienestar de cargos públicos y escaños cedidos por la democracia. Así venimos desde que en 2003 ese estadista llamado Rodríguez Zapatero inaugurara el periodo más negro de la España contemporánea. Vamos subidos en un vehículo que conduce un irresponsable, borracho por conocerse a sí mismo y mentiroso cum laude; no lo digo yo, lo dice la hemeroteca.
El miedo es un mecanismo de defensa que como la fiebre nos pone en alerta ante una amenaza y nos invita a tomar medidas; lo peor es que el propio miedo nos bloquee para hacernos de la vida un infierno.
Yo nunca sentí miedo de los políticos, hasta ahora; desbocados y sin control, son capaces de las mayores atrocidades contra el bienestar social e institucional; lo siento por esas generaciones inocentes que se encontrarán con un país destrozado por las ambiciones personales de quienes han aprovechado la democracia para intentar tumbar la democracia.
Agreden permanentemente la seguridad de las personas y resquebrajan nuestra identidad, estos miedos son reales; día a día lo vemos en los medios de comunicación para recordarnos que esos demonios tienen cara e invalidan cualquier natural reacción ante los atropellos permanentes. Estos demonios con sus miedos los produce la democracia y los suelta para que se dispersen y arrasen. Si los malvados supieran las ventajas de ser honestos, serían honestos de ser puros malvados.
El miedo debemos manejarlo, superar el miedo es conocer como es, identificarlo y saber si es atípico o continuado que pudiera devenir en fobia; el miedo es una reacción adaptativa y natural contra estímulos que pueden ser peligrosos o perjudiciales para nuestro organismo y existencia.
¿Cuál es el origen de los miedos?. Los miedos en la infancia pueden tener causas diversas, pueden provenir de una conversación, de los mensajes de televisión, de algo que ven por la calle, de los medios de comunicación en general, etc.; ahora en la madurez, miedo me produce ver al presidente del gobierno y a sus ministros comunistas; quizás haya leído demasiada historia del comunismo y las maldades que cometieron contra la humanidad que seguramente ignoran estos comunistas de pandereta y oportunidad instalados en el mangoneo sin rubor.
Tener miedo ante estas personas es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza. La máxima expresión del miedo es el terror, el pánico (miedo sin fundamento). Orson Welles desató un ataque de pánico colectivo en 1938 con su programa de radio «La guerra de los mundos»; el miedo está relacionado con la ansiedad, todo ello resta autonomía a la persona hasta el punto de ser una eximente de responsabilidad en la historia del Derecho.
El derecho romano estableció en el 79 a.C. (mediante una innovación jurídica introducida por un pretor llamado Octavius) la acción metus causa (‘por causa del miedo’) como eximente de responsabilidad.
En las Siete Partidas se estableció la invalidez de pleitos o declaraciones realizados bajo miedo, y en el derecho actual se determina que el miedo es causa eximente de responsabilidad criminal. En el derecho continental moderno, y en concreto para el español, por ejemplo, se establece lo siguiente:
Están exentos de responsabilidad criminal (…) el que obre impulsado por miedo insuperable.
La doctrina española no aclara qué naturaleza jurídica tiene la eximente del miedo insuperable; es opinión generalizada que se basa en el «principio de no exigibilidad de otra conducta», y en ocasiones se vincula a la legítima defensa.
Se especifica que el miedo puede no ser el único motivo de la conducta ilícita, pero sí ha de ser motivo preponderante. La jurisprudencia del Tribunal Supremo español en ocasiones (y de manera excepcional) no acepta la eximente de miedo insuperable en ciertos delitos de acción al entender que quien actúa lo hace habiendo superado el miedo, y no exige, en cambio, que el peligro sea real (pues puede ser imaginario), ni inminente. Lo mismo ocurre En el derecho civil y en el canónico, en los que el defecto del consentimiento por miedo es, por ejemplo, causa de nulidad matrimonial.
La sociedad colabora con el miedo. Los medios de comunicación magnifican con información alarmista, que irresponsablemente divulgan al viento la información que les interesa o por la que cobran sin que sea publicidad; yo mantengo que los medios de comunicación (salvo excepciones) son los peores agoreros a la hora de dar información a la sociedad.
Quienes provocan el miedo se han profesionalizado. Según la historiadora Joanna Bourke, (Nueva Zelanda 1963), el miedo es también un arma de dominación política y de control social; en muchas ocasiones se ha denunciado el uso político del miedo como forma de control de la población, creando falsos escenarios de inseguridad ciudadana, utilizándola incluso como arma de guerra.
Bourke comenta, como ejemplo, que “durante el siglo XIX, los temores relacionados a la muerte inminente estaban estrechamente vinculados con los miedos acerca de cualquier tipo de vida después de la muerte. En nuestro tiempo, por lo contrario, tendemos a preocuparnos mucho más sobre el hecho que nos obliguen a permanecer vivos más de lo debido”.
Un episodio que todos con seguridad recordamos fue el miedo que se generó con el cambio de milenio; el llamado «Efecto 2000» se acompañó con los correspondientes mensajes apocalípticos y colapso de la humanidad; la literatura, el cine, la pintura… han creado personajes para generar miedo, nuestro propio sistema legal se sustenta sobre el temor y el miedo, como sucede en el terreno militar o incluso en la religión.
Nadie puede escapar de forma sencilla de sus temores ni de sus miedos, es necesaria una terapia de fortaleza para desterrar todo lo que perjudica y para ello las personas no estamos preparadas si no es con la ayuda de profesionales a los que se recurre solamente en caso de emergencia, aunque los miedos convivan con nosotros de por vida; unos desaparecen y los sustituyen otros nuevos que por el mero hecho de ser nuevos suelen ser más agresivos y adaptados al medio en el que nos movemos.
Viajar a la mente humana no es un viaje sencillo, es una aventura de resultados insospechados, e incluso poco deseables a veces; cada uno de nosotros debe gestionar estos lastres de la forma más eficaz posible. Plutarco dijo: El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender.
Mariano Avilés – jurista
Mayo 2022
