
(Artículo publicado en New Medical Economics junio 209)
Hablar de salud es hablar de desarrollo y no me estoy refiriendo a la expansión de un sistema económico que pudiera comportar un incremento de la producción, de la renta y una distribución de ésta.
No son momentos fáciles para asegurar qué puede acontecer en los próximos tiempos de nuestra vida diaria y menos aun en lo que respecta a la salud. El sistema español que goza de buena salud, de cuando en cuando le aparecen algunos sarpullidos de esos que no alarman pero que fastidian mientras están.
Es verdad que la política sanitaria y con ella la farmacéutica no se ha movido un ápice desde hace tiempo, y esto tiene dos lecturas, una que vaga en el automatismo con su inercia y dos que no interesa contemplar la realidad de lo que significa un gasto que va en aumento, porque la población cada vez lo necesita más.
Hablar hoy de sanidad es hablar de bienestar, de prosperidad y de gasto. Acabamos de pasar dos procesos electorales en los que los partidos políticos han hecho sus promesas respectivas pero en lo tocante a la sanidad mucho me temo que los cambios serán pírricos e incluso si se me apura no sabremos que mejoras podríamos esperar con este horizonte en tema tan sensible como es la salud.
No se pueden aplicar recetas políticas puras precisamente porque los gobiernos estarán sometidos a las tensiones propias de la atomización de quienes gobiernan y tendremos que esperar que nos pase lo menos malo.
Y yo mismo me pregunto ¿entonces lo que viene es mejor o peor de lo que tenemos?, pues ya lo he dicho, el futuro en muy incierto porque los propios políticos deben mantener su esencia que no es otra que la de la confrontación para sentirse vivos, para sentirse ellos mismos, aunque al ciudadano primero ni le interese el debate y segundo que si existe el debate será para perjudicarle.
Hablar de salud es hablar de desarrollo y no me estoy refiriendo a la expansión de un sistema económico que pudiera comportar un incremento de la producción, de la renta y una distribución de ésta.
Hablar, en primer lugar de salud, es hablar de un desarrollo sostenible con una población cubierta en sus necesidades sanitarias a todos los niveles (en 1988 lo dijo la ONU) al satisfacerse las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras.
En segundo lugar hablar de desarrollo además de salud es hablar de tecnología aplicada a esta, algo que a comienzos del siglo XXI constituyó una de los objetivos primordiales de la política económica de un importante número de países, y en tercer lugar el desarrollo humano, que apareció en los años noventa del pasado siglo como una crítica a la economía de desarrollo dominante; su punto de interés no es el crecimiento de la renta per cápita de los países , sino la ampliación de las opciones de los ciudadanos esto es una vida larga y saludable, que tenga conocimientos y que acceda a los recursos necesarios para alcanzar un nivel de vida decente dentro del bienestar que nos hemos marcado.
Mariano Avilés. Jurista. Presidente de ASEDEF
