En honor de mi amigo Álvaro Castrillejo
Si cualquier día de estos nos levantamos con espíritu crítico tenemos dónde escoger. Vivimos en una sociedad llena de contradicciones que nos hacen llegar hasta nuestras mentes por los canales habituales (normalmente medios de comunicación previamente instruidos y pagados), ante lo que deberíamos tener opinión y espíritu crítico.
Ortega fue uno de los pensadores que mejor diseccionó y estudió a lo que el denominó “la masa”, fue especialmente crítico con la ausencia de espontaneidad de esa mayoría denominada con el término comunista “masa”, circunstancia que siempre es aprovechada por la minoría dominante, la que manda. Ortega decía allá por 1911 que “el error histórico nuestro no consiste en el desequilibrio de España con Europa (que hoy, año 2022, es notorio), sino en la inadecuación de los gobernados y de los gobernantes dentro de la vida española”, por lo que el entramado social está desorientado y marcha a la deriva.
En toda sociedad organizada existen dos grupos diferenciados: los gobernantes y los gobernados y en toda sociedad hay un tejido de relaciones en las que las minorías orientan, mandan y aunque debieran exhibir su ejemplaridad de hecho no existe.
La falta de ejemplaridad es una especie de máxima en la conducta de gobiernos compuestos por autarcas y estatalistas que desean a toda costa el control del Estado sobre la población y que prime sobre todo; a sensu contrario, el deber de acatamiento por la población debería ser relativo o burlón en todo lo que se pueda, precisamente en la misma proporción que quienes mandan no respetan las estructuras, instituciones, los pilares del Estado, las tradiciones, las leyes y las normas.
Poco a poco esta sociedad contemporánea nos brinda cantidad de ocasiones para reflexionar sobre la hipocresía de los políticos (que son los que mandan); poco a poco nos van mentalizando en un lenguaje que va calando sin darnos cuenta como la lluvia ligera, pero que termina por mojarnos de verdad.
Son todos cuentos los que nos lanzan día a día. León Felipe ese poeta que naciera en Tábara (Zamora- 1884) así lo dijo y nada ha cambiado:
Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan solo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan
con cuentos.
El adoctrinamiento de la población no es nada nuevo, lo han ejercido desde las religiones hasta las mentes más oscuras de gobernantes que han pisado el suelo terrenal; en otros momentos de la historia se cambiaba el sometimiento a estas ideas por tener mayor seguridad que brindaba el poderoso. Aunque pensemos que esto ha cambiado, en la historia del mundo se siguen dando pasos en este mismo sentido y nos riegan la mente de ideas que amenazan nuestra existencia.
…que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Pongamos algunos ejemplos de la falsedad que nos quieren hacer ver sin que parezcan cuentos:
Nos amenazan con el cambio climático y con graves problemas de conciencia en los que cualquier ciudadano puede incurrir por el hecho de no llevar la botella de plástico a su contenedor correcto, o por mezclarla con otros residuos.
Nos dicen que la pureza del aire que respiramos está condicionada por nuestro comportamiento más o menos cívico y se nos amenaza con un ambiente apocalíptico del que una vez alcanzado nunca saldríamos.
Pues bien, del cambio climático así como del comportamiento humano con los residuos se nos viene hablando desde décadas atrás aunque nadie nos explica que sentido tiene cuidar la tierra con tanto esmero cuando dando vueltas alrededor de nuestro planeta tenemos nueve mil millones de toneladas de residuos metálicos y tecnológicos flotando en el espacio, abandonados a su suerte y producto de los negocios y programas que han desarrollado los países, no siempre para buscar el beneficio del género humano, sino más bien para enriquecerse buscando la supremacía.
Pongamos otro ejemplo: España parece ser el paradigma del mundo civilizado en todo lo que se refiere a medio ambiente, faltaría más; fomentamos las energías renovables, las energías verdes, el hidrógeno como alternativa, pretenden que los coches no consuman gasoil, ni gasolina, que se muevan por electricidad, pero nada se sabe del uso racional de los recursos de los que dispone la humanidad y que acaparan unos cuantos.
Resulta que las energías que mueven el mundo son el gas, el petróleo, la electricidad y otros minerales para aplicaciones estratégicas, energías a cual más cara y que cada vez están más complicadas de alcanzar por diversos segmentos poblacionales precisamente por su precio (nueva pobreza); curioso resulta cuando menos, que en un mundo globalizado sean precisamente las fuentes de energía, como también los alimentos, moneda de presión entre naciones; en la historia de la humanidad siempre fue así cuando no se hablaba de globalización, por lo que podríamos convenir que en el mundo nada o muy pocas cosas han cambiado; todos los cuentos siguen exactamente igual.
Nos cuentan quienes mandan, las bondades de las energías limpias, impulsan el cierre de centrales nucleares que, al parecer, son muy contaminantes, al igual que el carbón; nadie explica a los ciudadanos las enormes cantidades de ojivas nucleares que guardan los países para amenazarse los unos a los otros; esto, al parecer, no contamina, directamente mata. Nos venden lo que les interesa y nos cuentan lo que quieren para envolvernos en un bucle diabólico.
Nos hablan de la igualdad de derechos de las mujeres, de sus libertades y de las extraordinarias diferencias que existen respecto de los hombres (que algunas diferencias, sin duda, aún existen), y sacan su bandera en contra de los hombres para ser más hombres que ellos, pero no nos hablan del extraordinario entramado que existe para vivir subvencionadas con estas banderas que cada vez menos mujeres reconocen como suyas. La mujer moderna busca la competencia entre iguales con los hombres, pero no detrás de la pancarta ni volviendo “sola y borracha a su casa”, sino desde la preparación y la formación.
Desgraciadamente se da ese tipo de mujer que para que el mundo sepa que son libres, restriegan su libertad de la forma más zafia posible por la cara a todo el que se encuentran en su camino. Ninguna mujer inteligente desafía a nadie si no es imprescindible.
Tratan de convencernos de que la subida de impuestos a los ciudadanos es lo que procede en esta época de crisis, porque así -dicen- se garantizan las prestaciones sociales. Todo un cuento que ya no cala en casi ninguna mente salvo los forofos, subvencionados y vagos que hay en España, y son unos cuantos cuentistas que viven del cuento y de “la sopa boba”.
Las prestaciones sociales como sanidad y educación son cada día peores y divergentes, (no hablemos de la justicia porque es otro capítulo; cuanto peor funcione, mejor). Trabajadores que están de uñas frente a un gobierno que nada hace por solucionar los problemas que importan a los ciudadanos, pero no cesan de contarnos sus cuentos.
Los gastos derivados de asesores políticos (sin curriculum) son estratosféricos y ahí van a parar nuestros impuestos. El estado del bienestar que tanto predican quienes nos gobiernan hace tiempo que desapareció y aún así siguen abusando de la paciencia de todos, hasta que un día en las urnas podamos decir:¡Hasta aquí!.
No debemos escuchar jamás al embustero; entre los que mandan los hay y muchos; el embustero pretende alarmarnos y amenazarnos con todos los males del infierno (aunque no dicen que el infierno sean ellos mismos). Nadie ha obtenido jamás la útil y sabia opinión de un mentiroso.
Esta civilización nuestra se basa en el crecimiento y en la multiplicación continua del consumo en masa, ¡Pero el mundo no es infinito!¡La Tierra no es infinita!, los recursos están acotados, no podemos hacer cuanto queramos, estamos inmersos en nuestro viaje por la vida.
Hace varias décadas que sabemos lo que pasa y hace décadas que los hombres de ciencia ya dijeron lo que habría que hacer, pero esos políticos que mandan han sido incapaces de instrumentar políticas a nivel global, es más nos imponen una conducta a base de cuentos para ellos llevar a cabo lo contrario y lo cierto es que por diversos caminos vamos hacia el desastre.
Todos los países están desesperados por crecer en el ranking mundial, pero no alcanzan a defender el futuro de generaciones venideras y esta será su tragedia. Se hablará hasta la extenuación para conciliar el horario de trabajo y la renta básica, pero para subsistir se deberá trabajar en varios sitios; habrá que cuidar el medio ambiente, pero seguirán enviando al espacio naves que dejan tras de sí un reguero de basura espacial que nadie recoge; tratarán de cambiar los parámetros industriales para hacer que las cosas duren más, pero no podrá ser porque va contra las cuentas de resultados de las empresas poderosas. Aún así el sentido de progreso de la vida quiero pensar que no está sepultado, es una necesidad para la supervivencia de la especie.
Rendirse por lo que está ocurriendo es arrodillarse como especie ante la muerte, y no podemos ser tan miopes pues no hay necesidad de vivir tan desesperados; si es difícil cambiar el mundo, es posible controlar nuestra cabeza y que la cultura subliminal que pretenden que aprendamos mediante cuentos con los que nos agobian diariamente no termine por dominarnos. No podemos cambiar el mundo, pero podemos manejar nuestra conducta para conseguir un poco de libertad, ese bien tan preciado en fase de extinción.
Alguien me ha dicho hoy que “si piensas no vives”; este mensaje realmente me ha inquietado por las varias interpretaciones que tiene la frase en cuestión. De una primera lectura se deduce que para vivir debo dejar de pensar, abstraerme de lo que sucede a mi alrededor; ¡Pues vaya forma de vivir!.
Siendo esta una posibilidad real que a veces me sucede e incluso lo ansío para “desconectarme del mundo”, cuando recupero la consciencia de que he estado “fuera de juego” veo que el mundo ha seguido haciendo de las suyas. Es verdad que mi capacidad de influir para que el rumbo de las cosas cambie es ínfimo, por no decir nulo y aún así tengo la sensación de irresponsabilidad por no compartir los problemas con el resto de los ciudadanos.
Otra alternativa para interpretar la frase es que todo “nos lo den hecho”; este giro también tiene su punto de reflexión porque todo, absolutamente todo, nos lo dan hecho, ordenado y mandado por decreto ley. No hay lugar para el pensamiento en esta sociedad actual, no hay lugar para atajar el camino para llegar a un punto concreto, todo está medido y controlado, el margen de libertad del que disponíamos las personas ha desaparecido en favor de quienes mandan, estamos mediatizados.
Nos pueden mandar, como de hecho nos mandan, mensajes permanentemente, en muchísimas ocasiones contradictorios, que tienen un contenido de adoctrinamiento basado en los cuentos que les convienen a quienes administran nuestras vidas y que luego por extensión hacen lo contrario, y no obstante, adoptamos como nuestros sus elucubraciones febriles que nos amenazan con sanciones por todo.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
Y sé todos los cuentos.
Este poema de León Felipe está musicado en una versión interesante, entre otros, por el grupo Aguaviva y que merece la pena escuchar y pensar por un momento en el derrotero por el que va nuestra sociedad, como nos mienten con contradicciones y cuentos tan burdas que con un simple análisis se descubren y se quedan en un insulto permanente; pero también nos prohibirán pensar.
Mariano Avilés – jurista
Abril 2022
