(dedicado a todos los que transmiten con la palabra los sentimientos)
Cuando las palabras son un regalo para los sentidos pueden hasta tener color, pasamos a imaginar, a sentir de verdad que huelen como las rosas en una mañana temprana de primavera y hasta se les oye esa música de fondo que ahora estoy seguro empiezas a escuchar; palabras que invitan a bailar con ritmo infinito, palabras armoniosas que suben y bajan en el suave tono de un susurro que dice te quiero y que deseas que nunca acabe. El placer de los sentidos es único cuando se ama de verdad.
Imagina, recuerda o simplemente anhela lo que supone la emoción de ofrecerle a quien quieres lo mejor después de tanto tiempo de oscuridad, esperando llegue el momento; una espera eterna y con una imagen grabada en el corazón como un tatuaje para siempre.
¡Tantos días oscuros!¡Tantas noches imaginando que la estrella eras tú!, ¡tanto silencio con palabras en la distancia!; aparecerán de nuevo las risas junto a la ilusión de compartir momentos como los pasados.
Grandes momentos de ilusión y música, colgados del mismo cielo azul y a ritmo de ese vals que siempre nos acoge, como chiquillos buscando instantes de felicidad, cómplices del encantamiento que hace flotar sobre todo lo demás, son esos importantes instantes en los que todo es pequeño a nuestro alrededor, siento que nos envuelve como una niebla de arco iris cálida y seductora que hace que tan solo estemos los dos y nadie más, viendo un mundo de color intenso, solo nuestro, sin compartirlo con nadie.
Apareció un día con sol escondido e iluminaste la existencia con ardor juvenil y verde esperanza. Ofreciste tu mano y toqué una diosa en vivo, vi tu sonrisa cautivadora y me trasladé a un país de ensueño entre melodías indescriptibles de paz y serenidad, compartí experiencias inimaginables y se generó una confianza difícil de superar entre dos personas, a golpe de versos rimados, con cariño.
Recorrer tu cuerpo, besar tus labios y llegar al túnel de ese tiempo infinito que todo lo ilumina; un deseo irrefrenable que contagia dulzura y muestra complicidad; a grandes pasos se cruza este cautiverio y cada día es más cuesta arriba el camino de la ausencia, hasta que consiga encontrarte de nuevo, y será entonces, solo entonces, cuando el sol vuelva a brillar.
Mariano Avilés – Jurista
