Cuenta Néstor Luján (1922-1995) que Luis Montoto (1851-1929) en su libro “Personas, personajes y personillas” que corrían por las tierras de ambas Castillas (Sevilla 1921), escribió lo siguiente:
“Dícese de la persona que amenaza con hacer o decir algo de suma importancia, tratando de atemorizar a aquel a quién se dirige, y, cuando éste agotaba su paciencia, lo reta para que ejecute su amenaza, hallase con que todo eran palabras”. Así aconteció en una venta, allá por los tiempos de Maricastaña (aquella mujer gallega del siglo XIV de la que se sabe muy poco).
“Cuando los viandantes, arrieros, estudiantes y mozas de la casa llana, en su mayor número, o andaban a la greña o íbanse de las manos, o negabanse a pagar al ventero la costa hecha, asomaba por la ventana la cabeza fenomenal de un ser que, por las apariencias, recordaba al gigante Goliat, y con voces estentóreas decía…¡Si bajo…!, ¡Si voy allá…!, con que atemorizaba a los alborotadores, y el ventero cobraba lo que pedía.
Pero aconteció que un mozo de pelo en pecho no se intimidó, y al grito ¡Si bajo…!, hubo de replicar: ¡Baje vuesa merced, señor guapo!. Bajó, en efecto, el que todos disputaban por un Caraculiambro, y se vio, con risa y chacota de los circunstantes, que el temido gigante era un enanillo despreciable”.
Estos sátiros crecían y habitaban generalmente en las tabernas, lugares obligados de reunión y visita diaria, eran personajes grotescos sacados de la más pura pieza de novela picaresca. En estos lugares de bebida ocurrían todos los acontecimientos de los pueblos; si firmaban pactos, se cerraban contratos, se organizaban reyertas, peleas y hasta, si era llegado el caso, se administraba justicia.
Era la taberna un lugar público y el tabernero un ciudadano de la misma condición que el lugar, testigo de excepción de la historia de los pueblos.
A finales del siglo XIX, en la época dorada y siniestra del juego en Barcelona, hubo un chulo guardador del orden en las casas de juego que fue una especie de “enano de la venta”. Asó lo explica José Pla (1897-1981) en su libro “El señor de Barcelona”, reproduciéndolo en boca de Rafael Puget (1873-1945) quien tenía un riquísimo anecdotario: “Uno de los grandes chulos de la época fue “El tetas”, que lo fue del café de París, café que estuvo situado en las Ramblas antes de llegar al Suizo conforme se baja. “El tetas” jugaba al cuchillo, era un tipo pequeño con cara pálida como la luz de la luna, una voz gangosa; los dedos gordinflones , llenos de anillos, pantalones a lo zuavo y unos zapatos de charol acabados en punta. Cuando en la sala de juegos del café de París se producía algo anormal, “El tetas” se subía a una silla y preguntaba sarcástico: Qué, ¿He de enfadarme?. “El tetas” enseñaba mientras tanto unos dientes afilados, de mastín para que todo quedara apaciguado y la partida volviera a su normalidad”.
Añade que “El tetas” tenía varias muertes en su haber, dada su habilidad con la navaja, pero su vida acabó bien, es decir, acabó – según cuenta- de cabo de la guardia municipal montada y fue servidor puntual y excelente.
En las tabernas nacía esa peculiar filosofía propia que dan los caldos (de la calidad que fueren), los refranes, los dichos, los aforismos y las manías lingüísticas en el lenguaje coloquial.
El sacerdote cacereño Francisco Gregorio de Salas, en sus “poesías serias y jocosas” (1675), satiriza a cierto sujeto que frecuentaba una taberna más que por beber, a causa de estar enamorado de la tabernera, y decía así:
Con diferentes intentos
que a beber viene imagino
por el en sus pensamientos
por el vaso bebe vino
pero por ella los vientos.
Los refranes y los dichos populares nacían dónde estaban las gentes del pueblo y en ningún sitio mejor que la taberna. Se dice que “no solo de cultura y románico vive el hombre”, aunque en muchas ocasiones la cultura nacía en torno a un vaso de vino.
“Hoy no se fía, mañana sí”. Este letrero aún está como lo estaba tradicionalmente en tiendas y tabernas , avisando de que no se expende crédito jamás; pero este ingenioso aviso, que vengo a poner de ejemplo, tiene una ilustre prosopia clásica que data de entre el 116-27 (a.C); Marco Terencio Varrón, gran erudito romano, con toda concisión decía lo mismo: “Cras credo, hodie nihil”, es decir, “mañana fío, hoy no”.
La posada y la taberna eran además el refugio de peregrinos y viandantes; el anuncio de “buen pan, mejor vino” fue reclamo común en las villas o burgos para predisponer a la oleada de viandantes que circulaban por las rutas más importantes.
El dar buen pan con el vino dio origen a lo que hoy llamamos popularmente “tapa” y más sofisticadamente “aperitivo”.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua, en su vigésima edición (1984), dedica varias acepciones a la palabra “tapa” como es la de “ruedas de embutido o lonchas finas de jamón que sirven en los colmados, tabernas, etc. colocadas sobre las cañas y chatos de vino. Hoy se da este nombre a pequeñas porciones de algunos manjares que sirven aparte de la bebida”.
Esta definición parece correcta aunque luego la estropea al añadir: “como acompañamiento de una bebida alcohólica”, por ello, entiendo que la definición buena es la primera y la mala el añadido. El origen de esta palabra sería pues esta costumbre, que pudiera ser andaluza por cuanto se habla de caña y chato de vino, hoy es de aplicación generalizada en toda España.
Las primeras tapas supongo que eran obsequio de la casa para acompañar al vino e incitar la sed. Creo que esta costumbre viene de finales del siglo XIX o por lo menos de principios del XX, ya que la palabra tapa no es citada en ninguno de los clásicos de la gastronomía del siglo XIX.
De cualquier forma un vaso de vino en muchas ocasiones es un buen motivo o pretexto para buscar o tener acompañamiento, un excelente medio para alcanzar el fin de la comunicación; alrededor del vaso de vino, servido por quien corresponda, incluso por uno mismo, siempre será un buen motivo, como en este caso, que he disfrutado de vuestra compañía incluso sirviendo unas palabras, como si dispusiéramos del noble e imaginario vaso de vino. Brindo contigo.
Mariano Avilés – Jurista
Febrero 2022
