2 abril 2021

«El Derecho como indica la palabra debe ser recto, sin trampas, sin salidas del camino; cualquier alteración del Derecho es simplemente una alteración de su propia naturaleza. ¿Cómo es posible que existan juzgados que estén especializados en el maltrato a la mujer y regidos por mujeres?«

Evidente es que el hombre y la mujer jamás podrán ser iguales. Su anatomía y constitución distan mucho de que existan cambios antropológicos tan notables que hagan confluir ambos sexos hasta llegar al hermafroditismo. Dicho lo anterior es verdad que a la mujer se le tuvo tradicionalmente como un ser inferior, quitando las etapas de matriarcado que en el mundo se han sucedido y en las que de una u otra forma marcaron su impronta femenina.

En las sociedades modernas, durante los últimos veinticinco años, se ha desarrollado la única institución que tiene visos de covada (aquella tradición romana que el hombre suplantaba a la mujer en los partos), a saber:Los hombres modernos frecuentemente acompañan a sus parejas embarazadas cuando van al tocólogo, asisten a seis semanas de preparación para el parto con ellas, e incluso algunos dicen experimentar dolores de espalda y malestar durante el embarazo de su compañera; muchos hombres cuentan enternecedoras historias sobre los sentimientos que experimentaron cuando nacieron sus hijos, apoyan a las mujeres durante las contracciones y cada vez más hombres piden presenciar el parto, a veces cortan el cordón umbilical y son los primeros en coger al recién nacido. ¿Y qué hay de la imposición automática del apellido paterno al bebé en primer lugar?; es un tema superado jurídica y socialmente  y quien esté interesado en el intercambio de los apellidos debe iniciar el correspondiente trámite ante el Registro Civil. 

Viajemos por un momento en el túnel del tiempo (para ver de dónde venimos y dónde estamos) y trasladémonos de un gran salto a los años 20 del siglo pasado, en una España carente de casi todo. “Durante estos años la vida profesional de la maestra de escuela exigía unas condiciones muy particulares. Trabajaban ocho meses comenzando la temporada el día uno de septiembre, su salario era de 75 pesetas, y entre sus condiciones laborales figuraban: no casarse ni estar en compañía de hombres, estar en casa desde las ocho de la tarde hasta las seis de la mañana, no entrar en las heladerías del centro de la ciudad, no fumar o beber cerveza o whisky. No viajar en coche con hombres a menos que fueran su hermano o su padre, no vestirse de colores brillantes, teñirse el pelo o usar al menos dos enaguas, no vestirse por encima de los tobillos, no usar polvos faciales o pintarse los labios o maquillarse.

Respecto al aula, se encargaban de mantenerla limpia, barrer y limpiar la pizarra una vez al día, fregar con agua caliente un día en semana, y encender el fuego a las siete de la mañana”.

Esta cita sacada de los aspectos humanos “los legados de la tierra” retratan la realidad de lo que representaba la mujer en Alcázar de San Juan (mi tierra natal), como en el resto de pueblos de la vieja España, en los años 20 del pasado siglo.

La igualdad de la mujer frente al hombre es un derecho del que han hecho bandera las izquierdas que parecen haber inventado la Constitución Española y con ella los derechos de la mujer, entre otras normas. ¿Qué es el feminismo sino el machismo al revés?; la meta a conseguir en esta complicada ecuación es que ni una cosa ni la otra, lo mejor ¡¡Igualdad!! entre sexos.

Esta lamentable confusión viene entre otros vientos por el de la Real Academia de la Lengua que define al machismo como la dominación del hombre sobre la mujer, una definición de perfil negativo; sin embargo el feminismo es el “principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”, algo aparentemente positivo pero que se ha convertido en arma arrojadiza para subyugar al hombre frente al género femenino.

Las leyes no tienen menos culpa de todo lo que viene sucediendo y con ellas su aplicación por las nuevas generaciones de jueces de mediana cultura general e imbuidos por las corrientes de la llamada progresía (¿o es regresía?), fomentando normas que hacen primar derechos de la mujer sobre los derechos del hombre. El derecho debe ser único, universal para todos igual, dando y quitando razones a quien corresponda, pero desde la igualdad, no desde ese “empoderamiento feminista” que promueve el enfrentamiento.

En derecho hay principios como este que he citado de “todo a favor de la parte más ¿débil? que proclaman es la mujer; dícese del “principio pro reo”, el preso es la parte a proteger frente al agredido, o “principio pro operario”, la razón, por principio, a favor del trabajador frente a la empresa.

Todo esto que es materia de discusión en un juicio o controversia día tras día, y que la mujer, el preso o el trabajador pudieran tener su mejor razón, es una cuestión de prueba desde la igualdad, porque el mero hecho de proclamar estos principios como realidad única generan una magnífica injusticia, una situación de desequilibrio que aboca al fracaso social.

El Derecho como indica la palabra debe ser recto, sin trampas, sin salidas del camino; cualquier alteración del Derecho es simplemente una alteración de su propia naturaleza. ¿Cómo es posible que existan juzgados que estén especializados en el maltrato a la mujer y regidos por mujeres?. El hombre denunciado, aún sin pruebas en su contra, es automáticamente crucificado y vapuleado frente a una sociedad que ha perdido su recta razón de ser; el hombre “debe ser apartado, destruido y vilipendiado”. ¡Basta la simple denuncia!, y con ello hasta es posible que la denunciante pase a cobrar una subvención. «Los hombres están desprotegidos por la ley. Se puede condenar a un hombre sin pruebas», sin recato y desde las instituciones judiciales que han abandonado el principio de igualdad.

En España desde aquellos años veinte que cité se han dado pasos muy importantes para tratar de alcanzar la igualdad entre ambos sexos que se ha visto roto por acciones desproporcionadas y normas jurídicas promulgadas desde un Congreso de los Diputados que cada legislatura tiene menos lustre y menos fuste, pero que todos pagamos.

La Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo, entre otras, de la legislación española, estableció un conjunto de medidas para favorecer y fomentar la conciliación de la vida personal, familiar y laboral. La más innovadora fue el permiso de paternidad. Son logros que ya están sobre el papel del Boletín Oficial del Estado y que deben hacerse realidad con la exigencia de todos, no solo de una parte de la ecuación.

La progresía mal entendida apunta a la promoción sin límites de la agenda de género y con ella el control poblacional; se trata de cambiar los roles de género tradicional para controlar la población del mundo.

Las ONG y Fundaciones han creado una tupida red con muchos intereses y recursos económicos y están intentando imponer en todo el mundo la agenda de género. Se ha inclinado la balanza de los derechos de la mujer al establecimiento de plataformas lucrativas de intereses que persiguen el poder y el odio sin contemplaciones hacia el hombre.

No son pocos que coinciden en considerar que la imposición de la agenda de género tiene tintes imperialistas y colonialistas, y no se ocultan de ello. Hay que destapar a todas estas organizaciones subvencionadas y derribar el muro que separa a los hombres y mujeres, porque lo que están creando es más separación y homofobia, condenando al hombre de entrada por el mero hecho de ser hombre, convirtiéndolo en sospechoso permanente de violaciones y agresiones.

Pocas veces se escucha a una feminista decir que “todos los hombres son iguales”, sino que “todos los hombres disfrutan de una posición de privilegio”; están obsesionadas con el machismo. Se ha eliminado del leguaje la palabra “persona” para sustituirla por mujeres que confrontan con los hombres y que celebran día tras día la violación de los derechos de los hombres. ¡Sí hombres violados día tras día en su derechos más elementales como persona!. La mujer quiere ser un sujeto político y lo que se vislumbra en el horizonte es la acción- reacción de una sociedad que empieza a estar harta y que pudiera hacer surgir un machismo para contrarrestar a estas feministas impenitentes; muy peligroso entrar en esta dinámica. La lucha feminista no es exclusiva de las mujeres. Hay que eliminar privilegios de unos frente a otros y fomentar el desarrollo de los derechos de la persona. España no debe convertirse en un país que odia a los hombres.

Lamentable es que las llamadas feministas (con quienes la mayoría de las mujeres no se identifican) han creado este negocio como medio de vida, una vida cómoda y subvencionada que no se deberá permitir porque lo que trasmite es “una visión desquiciada de las relaciones humanas”.

Mariano Avilés – Jurista

Abril 2021

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