25 noviembre 2012

SALVAR A UN VIEJO

Publicado por maviles en General

 

 “En el año 2009, 1354 personas mayores de 65 años se suicidaron; 2.957.681 mayores vivían solos; 2.683.039 ancianos estaban en riesgo de sufrir desnutrición”

 

El nombre de este artículo es el mismo que el del video que a continuación le recomiendo vea antes de proseguir con la lectura, estoy seguro que no le defraudará:

 http://www.youtube.com/watch?v=eEiX73Elz7s

 La vejez, un síndrome que es universal, un momento al final de la vida que se parece tanto al comienzo….., pero sin recuerdos; un libro que se acaba, con una historia real, vivida, de esas historias que las películas de cine te anuncian que vas a  conocer en toda su realidad; la vida de las personas, su intensidad, sus emociones, sus contradicciones…en fin, la vida misma.

 

Me gustaría saber cuando se es viejo. Los investigadores influidos por las ciencias naturales no entienden que la vida es limitada y la muerte es necesaria; ahí están  afortunadamente las raíces de  los avances de la ciencia.

 

Yo no tengo conciencia de la edad de mi vejez pese a las inevitables goteras,  siempre busco otros referentes que me hagan sentir que esto no va conmigo, pero todos tenemos tan próxima a la vejez que convivimos con ella día a día, ¿Quién no tiene cerca un entrañable y querido viejo?, yo tengo a mi padre, Manuel, lamentablemente en la distancia próxima, un hombre luchador que a los 86 años dice tiene pocas ganar de vivir y menos de molestar, a el y a los queridos viejos dedico estas reflexiones.

 

No nos paramos a reflexionar con frecuencia sobre la vejez y la belleza que supone envejecer, hay quien prefiere maquillarse el cuerpo con cirugía, pero por lo que he leído, hacerse viejo es un ejercicio saludable cuando estamos enganchados a la vida, esa esencia que es invisible, como diría Saint-Exupery.

 

En sí misma la vejez de mis queridos abueletes destila ternura, esos movimientos quietos que hacen que con la mirada te digan que ahí están para lo que quieras hacer con ellos; atenderlos, quererlos, respetarlos, venerarlos e incluso hay quienes en un alarde de cobardía quiere maltratarlos por no soportarlos, y también quienes hace de la bandera de la atención a un viejo (bella palabra) una guerra infinita y difícil de llevar; pero  hay quienes  se dedican  a ellos con la intensidad de los pequeños momentos y los acompañan de los gestos dirigidos a esos seres queridos con un espíritu de complacencia y de admiración; a cambio simplemente de una mirada que no busca ningún foco especial.

 

Ellos no quieren ser un obstáculo en la vida de los demás, por eso son barcos que están al capricho de cómo quiera tratarlos la vida de sus más próximos; son ya pequeñas y antiguas embarcaciones  casi desarboladas que necesitan que le presten la vela e incluso el viento para poder seguir el rumbo hasta el final, con sus maderas corroídas por el paso del tiempo, de la mala mar y vientos contrarios, que dejan ver las dificultades de las travesías por la vida.

 

Créanme quienes leen mis artículos que en principio, cuando me puse a escribir estas reflexiones lo primero que pensé fue hablarles de estadísticas, del problema que tiene la sociedad y las administraciones –que es mucha- para mantener con criterios mínimamente dignos las prestaciones a los venerables ancianos, las dificultades de ir para acudir al peregrinar de profesionales sanitarios,….al geriatra; pero la pereza me ha inundado y he preferido reflexionar desde un punto de vista mas cercano y humanista como es el verdadero drama del viejo a quien nadie quiere.

 

Varados en sus recuerdos, aquello que hicieron, siempre con extraordinarias dificultades, es para ellos su bandera que enarbolan en  cada ocasión que se les brinda la oportunidad, orgullosos de lo que nos dieron a nosotros, lo que tenían, y que posiblemente desde nuestra perspectiva nos pudiera parecer poco, pero…..es tan grande, que gracias a eso estamos aquí.

 

La salud decae, las fuerzas fallan, las ilusiones se alejan y solamente queda el recuerdo y el cariño de alguien que te pide que le cuides de la mejor forma posible, que a veces pasa por el irremediable paso por centros de atención especializada, pero siempre, aun en este casos necesarios, con el cariño de la proximidad.

 

Las reflexiones al final de la vida son importantes, debiéramos animar a nuestros venerables ancianos a que nos escribieran, nos contaran y relataran la historia de su vida y desde la sensibilidad que irradia el anciano en su anonimato, y nosotros, de esto estoy seguro, mostraremos un semblante de admiración cuando no de perplejidad por los difíciles momentos que pasaron aquellas generaciones que vivieron la guerra civil mas próxima.

 

Siempre guerras; son las guerras de la vida, unas con armas y otras sin ellas pero con una sociedad que muestra una dureza indescriptible para aquellas personas que por circunstancias no pasan “el aprobado” social, son luchas por sobrevivir que mañana contaremos a quienes nos quieran escuchar nuestras historias de hoy que entonces posiblemente para quienes  las escuchen estén desdibujadas,  aunque no por ello carentes de realidad.

 

Nuestros viejos de hoy nos dejarán el paso a los de mañana; esfuerzos, ilusiones, frustaciones, la vida…. y todo lo demás se queda en ese camino que cuando giras el último recodo aprecias que el final está cercano y necesitas que como viejo alguien te ayude y te salve para llegar.

 

Mariano Avilés – jurista

 

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