8 enero 2013

LOS MISERABLES

Publicado por maviles en Política y Estado

 

 

La Constitución de 1978 quiso aglutinar conceptos y derechos  basados en “valores superiores” como la libertad, justicia, igualdad y pluralismo político. La  rebelión interna que dista mucho de las proclamas insípidas de las izquierdas y derechas de nuestro país hoy, que no quieren ver dónde está la miseria de los hombres que administran mal y que debieran ser perseguidos por la justicia; todo ello ante una sociedad cada día más ilustrada.

 

Recién comenzado el año 2013 es bueno pararse a hacer balance  general y acumular ese alarde de acontecimientos que han definido nuestras vidas en estos últimos 365 días de pasión española y que tanto han dañado el propio fundamento del estado democrático. 

José María Catalán, es uno de esos grandes periodistas que a lo largo de su vida profesional nos ha venido contando  los acontecimientos que se han producido en nuestra reciente historia; me hace llegar, y desde aquí lo agradezco,  su libro “35 años de Sanidad Democrática en un mundo cambiante”, un magistral repaso a los acontecimientos sin los cuales no se entendería dónde estamos ahora; este libro me ha llevado a la siguiente reflexión sobre la miseria del ser humano y el abuso de los que mandan: 

Bajo la palabra democracia se han cobijado muchas ilusiones y desmanes, todo a la vez; con la democracia se identificaron grandes deseos de alcanzar una estabilidad y paz tan deseada como necesaria. En sí misma esta grandilocuente palabra no ha sido en su historia un término precisamente pacífico, un buen envoltorio que si se escarba algunos miserables han dejado pocas cosas interesantes debajo y no porque la inmensa mayoría de los ciudadanos no deseemos vivir en paz y en prosperidad, sino porque los fundamentos del Estado se han socavado de forma tan dramática que hemos visto su terrible esqueleto sin necesidad de utilizar la radiología. 

Gil Robles, líder de la CEDA en las vísperas de las elecciones de 1933 dijo que “las Cortes que se van a elegir pueden ser el ensayo definitivo para la democracia en España. Pero si las izquierdas saltan sobre la democracia, yo (…) que no la tengo por fin, sino por medio, saltaré también sobre la democracia, y por encima de ella”; a su vez Azaña en 1932 afirmó que “la fórmula democrática, con todos sus inconvenientes, es la única forma aceptable para regir el país con justicia y libertad”. 

A mediados del siglo XX se produjo un incipiente desarrollo económico del país y la expansión de las clases medias hasta el punto que el nuevo lenguaje de la democracia –vía intelectuales- fue consolidándose. Ruíz Jiménez fundó la revista Cuadernos para el Diálogo (1963); apareció el semanario Triunfo (1962) marcado por la cultura izquierdista; el subdirector E.Haro no ocultaba “su rechazo asqueado de la democracia occidental” como una suerte de dictadura encubierta del capitalismo; los intelectuales de la época estaban mas interesados en conocer las bases teóricas del marxismo-leninismo que en profundizar  en la teoría de la democracia.

 La muerte de Franco dio paso a una verdadera eclosión del concepto de democracia, así resultó que la “magia y el peligro” de la palabra ha residido en que cada uno de los sectores de influencia que la proclaman la interpreta y le da significados diferentes, reafirmando valores como la libertad, el autogobierno, la igualdad, los derechos, etc, etc. Blas Piñar la definía como “democracia social y orgánica” y el filósofo marxista Fernández Santos dijo que “la democracia nos ha llegado como una operación de las clases dominantes españolas”.

 La Constituciónde 1978 quiso aglutinar conceptos y derechos  basados en “valores superiores” como la libertad, justicia, igualdad y pluralismo político. España, desde el comienzo de la época constitucional, ha tenido que superar obstáculos de importancia  como son el terrorismo y el golpismo a los que hay que añadir los actuales peligros como son la corrupción y la falta de justicia que dinamitan directamente la convivencia dentro de un marco constitucional irreal y añejo.

 A principios de los años ochenta del pasado siglo C.B. Macpherson hizo publico un trabajo titulado “la democracia liberal y su época” y afirmaba que la forma clásica de democracia asociada al capitalismo estaba a punto de pasar a la historia, y terminaba abogando por un modelo de democracia participativa.

 La falta de independencia de la justicia respecto al poder político ha provocado y provocará en los próximos tiempos nuestro sonrojo, una burla hacia  los ciudadanos que nos levantamos cada día soportando la ineficacia y ausencia de intervenciones de oficio de la Fiscalía General del Estado, una Fiscalía que lejos de defender el interés público se agacha ante los intereses de gobiernos  y administraciones –como siempre ha sucedido- y que ya los ciudadanos hemos puesto en cuarentena; evidentemente el divorcio de la sociedad y la justicia está grabado en una lápida de mármol con letras capitulares. 

Hemos pasado de la confianza en quienes nos representan políticamente a concluir que a los políticos y gobernantes hay que tenerlos controlados y en observación porque hoy –lo dicen las encuestas- son uno de los problemas más preocupantes para la población; algunos de ellos han mostrado ampliamente sus miserias, pero les da igual porque son una casta especial. 

Vemos día a día, por el extraordinario trabajo de los periodistas, que “los sacrificios” de quienes son nombrados representantes públicos por la generosidad de los partidos, lo hacían –ahí tenemos tantos y tantos casos conocidos, denunciados y que pasarán a la historia del disparate de inactividad judicial-, y lo siguen haciendo por “servicio a los demás”, aunque sepamos que directa o indirectamente  utilizan sus relaciones con el poder para extorsionar nuestro futuro.

 Parece como si las más altas Instituciones del Estado se hubieran puesto de acuerdo para no actuar sobre lo que está pasando; la población padece una saturación de noticias que acreditan la extorsión de recursos y de fundamentos esenciales en los que basamos un concepto de convivencia; por  ello la sociedad clama soluciones inmediatas.

 Hablé en el planteamiento de este artículo de esos conceptos tan necesarios para la convivencia : Libertad, justicia, igualdad y pluralismo político.

 Una libertad que funciona a golpe de impuestos en un Estado económica y conceptualmente en quiebra, que en un año de la reciente legislatura no se ha adelgazado administrativamente lo mas mínimo; eso si, adelgazarán los bolsillos de todos nosotros antes.

 Una libertad que pasa por la subvención a quien o quienes interesa para que no se rompa la cuerda de lo que conviene mantener. Los sindicatos siguen proclamando su libertad peculiar subvencionada por un Estado al que los subvencionados le ponen constantes palos en las ruedas para que se paralice. ¡¡Que se acabe de una vez con esta afrenta!!; es un clamor del pueblo que quienes dicen hablar de los mas desfavorecidos son quienes viven en la opulencia de lo que en nuestro nombre, injustamente, les da el gobierno.

Lo cantó Jarcha en aquella canción «Libertad sin ira» que fue un himno preconstitucional:

«Dicen los viejos que hacemos lo que nos da la gana
Y no es posible que así pueda haber
Gobierno que gobierne nada»

 Justicia; cuando hablo de justicia no se si reír o llorar,-monopolio de jurisdicción y unidad jurisdiccional- , en un Estado material de Derecho sin interferencias del Parlamento, Gobierno o jefe de Estado, sin que se admitan tribunales especiales, ¿¿??, seguro que quienes lean este artículo fácilmente enumeran al menos cinco ocasiones en las que los tribunales actúan de forma especial aunque en su definición no se califiquen de especiales.

 Ahí tenemos la última hazaña de ese Ministro que ha puesto un muro en forma de tasas entre la justicia y los ciudadanos; un individuo este que pretende que quien acceda a la justicia lo pague bien, está creando, con nuestra representación delegada,  un marco de impunidad de quienes arrollan frente a los arrollados. ¿Cómo podemos consentir esto?, se ha destrozado un pilar de la democracia y se está haciendo desaparecer  la igualdad.

 ¡¡Definitivamente no somos iguales ante la justicia!! Ni desde luego ante la Ley.¿Dónde está el Fiscal General del Estado?, ¿para que le pagamos? ¿Para quién trabaja?, ¿Dónde está el concepto democrático de Justicia que proclama la Constitución, que obliga a que los jueces sean independientes, responsables y sometidos al imperio de la ley?; con un órgano que los dirige llamado Consejo General del Poder judicial nombrado por los partidos políticos, encabezado por el Presidente del Tribunal Supremo y con la connivencia de un Tribunal Constitucional carente de la mas mínima dignidad a la hora de tomar resoluciones ajustadas a derecho cuando se trata de cuestiones políticas que afectan directamente al Estado. Apliquemos la teoría de los vasos comunicantes, verán como, desgraciadamente, no me equivoco en mi apreciación.

 Igualdad, ¿ante quien? ¿comparada con quien? ¿igualdad de oportunidades? ¿igualdad de género? ¿Ministerio de igualdad? ¿derechos, deberes y oportunidades? ¿una sociedad más justa y equitativa?, ¿de qué estamos hablando?.

Esta fue una palabra que se convirtió en el eje de los discursos políticos de una democracia incipiente de los años setenta; este país hoy esta lejos de la igualdad; se ha machacado hasta decir basta a quienes sostienen socialmente un país; una sociedad harta de la desigualdad en el trato; la  igualdad rota en mil pedazos. Como diría el liberal Dahrendorf en el año 2002 ante una democracia postdemocrática, hay una perspectiva inquietante al adivinarse “ una democracia autoritaria sin intermediarios entre gobernantes y gobernados”.

 ¡Basta de una democracia hecha por miserables!; ¡Basta de Utopías!, vino a decir en 1899 Ramiro de Maeztu en su libro “Hacia otra España” que refleja el hartazgo tras pasar de la esperanza al idealismo; algo que Maeztu reflejó “por la propia fuerza de las cosas”.

 ¿Acaso la democracia es una utopía?, ¿qué decir de la utopía?; desde la utopía de Cervantes como forma heroica de resistencia al mundo moderno (“La utopía de la ínsula Barataria”), pasando por Tierno Galván que reivindicaba  la naturaleza utópica del socialismo, hasta nuestros días en los que el cambio de siglo pareció renovar el valor de la utopía interesada en las movilizaciones de la izquierda perdida en los pretéritos tiempos de la Unión Soviética; el siglo XX en palabras del historiador Antonio Elorza, es un gran “cementerio de utopías”.

 Un día más (“¡On Day More!”) afloran las emociones de quienes conformamos esa sociedad civil hoy callada. Así sucedió en la historia de tantos y tantos pueblos. Un canto por la libertad

http://www.youtube.com/watch?v=IddP8AAIGTQ 

 Víctor Hugo lo reflejó en su gran obra “Los Miserables” cuando el pueblo llano  –que entonces eran los miserables- en una Francia del siglo XIX se lamentaba al no alcanzar la ilusión por la que intentaban luchar día a día, un pretendido país “tan diferente de este infierno que estoy viviendo (…) la vida mató el sueño que soñé”, y….no se escucha el canto del pueblo que lucha por una libertad que les llene de esperanza; esa rebelión interna que dista mucho de las proclamas insípidas de las izquierdas y derechas de nuestro país hoy, que no quieren ver dónde está la miseria de quienes  administran mal y sequean nuestras conciencias sin piedad, que debieran ser perseguidos sin tregua de ningún tipo por la justicia; todo ello ante una sociedad cada día más ilustrada. 

http://www.youtube.com/watch?v=mkBC4XuDGsQ 

Mariano Avilés- Jurista

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