3 julio 2022

ELOGIO DE LA MENTIRA

Publicado por maviles en Sociedad

Aunque es imposible que las personas, en algún momento de una conversación y de forma aislada, nos alejemos de la realidad como una reacción humana de supervivencia verbal para escapar de caminos que se nos cierran, existen otras personas que hacen de la mentira su existencia, su verdadera forma de ser y comportarse en la vida; esas personas que todos conocemos y que tenemos etiquetadas como mentirosos compulsivos y nunca se les otorga el beneficio de la duda de lo que han dicho, porque ya, de entrada, se sabe que es un mentiroso.

La mentira, que es el acto del mentiroso, ha sido estudiada y catalogada por los expertos de la salud mental y en el mentiroso compulsivo crea una adición, una forma de vida y una extrema necesidad de tratar de engañar arteramente a los demás, queriendo ignorar que son los demás quienes le tienen catalogado como persona poco fiable.

Alexander Pope, un poeta británico, dijo que “el que dice una mentira no se da cuenta del trabajo que emprende, pues tiene que inventar otras mil para sostener la primera”.

Un estudio realizado en la Universidad de Massachusetts reveló que el 60% de las personas mienten al menos una vez durante una conversación de diez minutos, caen en lo que se conoce como “mentiras esporádicas”, incluso la “mentira piadosa” que pretende aminorar un impacto; esto evidentemente es muy distinto del mentiroso recalcitrante y cicatero.

Los psicólogos y psiquiatras conocen bien el perfil del mitómano, del mentiroso por compulsión, una patología que quien la padece no solo le es ajena porque ignora tenerla, sino que si llega el caso la justifica con nuevas mentiras, sin tener en ocasiones ánimo de obtener algún beneficio o escapar de algún castigo.

Es raro no identificar al mentiroso con el político que dice una cosa y actúa de forma contraria a lo manifestado. Esa tendencia a mentir compulsivamente puede colocarle en situaciones ridículas o llevarle a inventar historias insostenibles máxime cuando hoy la memoria está depositada en las hemerotecas. De hecho, aunque el mitómano sepa que lo han descubierto, puede seguir mintiendo y complicar aún más su narración, creyéndose sus propias mentiras; sin duda un enfermo, porque puede sentirse raro diciendo la verdad y sentirse cómodo mintiendo.

Perder la confianza de los demás es importante y, si cabe, para un político más que tiene que someterse al veredicto de las urnas periódicamente. El político engaña una vez y deja de engañar porque se le tacha de mentiroso o embustero por mentir sobre temas que son evidentes para el resto de personas que procuran, desde ese momento, su aislamiento social.

Ya desde la infancia se muestra la tendencia a la mentira patológica mezclando realidad y ficción o fantasía e incluso para escapar de los castigos que para enderezar conductas y educar se infligen a los más pequeños, tema este que hay que tratar con sumo cuidado sobre todo cuando se dan esas pequeñas mentiras producto de la imaginación infantil que es tan necesario no frustrar.

Suele pasar que aquellas mentiras que cuentan los mentirosos patológicos las narran perfectamente y las hacen creíbles, con todo lujo de detalles porque creen en ellas; son estrategias para eludir realidades y la responsabilidad de actos y decisiones. Preguntados estos enfermos hacen aflorar trastornos psicológicos que están vinculados a la mentira y los expertos estiman que el 92% de los pacientes mienten sobre el consumo de sustancias, el 25 % sobre el consumo de alcohol y el 58% sobre la adicción al juego.

Falsean verdades para tratar de obtener el reconocimiento social y mostrar a los demás una personalidad que no corresponde con la realidad; se inventan una forma de ver las cosas y de vivir irreal, lo que hace que se sientan mejor.

El mitómano necesita mostrarse de otra manera para ser aceptado, lo que implica una carencia de autoestima, una personalidad insegura; a menudo “sus mentiras no son más que una imitación o un plagio de las ideas, pensamientos o experiencias de los demás, generalmente de personas que admiran” – dicen los expertos-.

Los nuevos medios de comunicación y las redes sociales han puesto en evidencia a estos personajes que incluso instalados en el poder no sienten el más mínimo rubor en mostrarse como mentirosos compulsivos, gentes que no tienen recato ni la intención de rectificar cuando se les muestra ante la negación de su propio discurso, elogian la mentira como si fuera una gran verdad y en ella se recrean una y otra vez ante la incredulidad del resto de la sociedad. Son defraudadores, mentirosos y truhanes además de enfermos que por el mero hecho de serlo deberían estar apartados de aquellos lugares en los que sus decisiones afectan a la sociedad en general. Mariano Avilés – Jurista

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