CUANDO ÉRAMOS LIBRES
Publicado por en Sociedad
«No existe un solo avance tecnológico que los humanos no hayamos utilizado en contra de nuestra propia especie; la ingeniería ha creado todo tipo de armas a cual más letal.»
“No hay en la tierra contento que se iguale a alcanzar la libertad perdida”. (Don Quijote)
“Solamente el hombre virtuoso, el que ha dejado de lado su propio interés, para cultivar la virtud, es capaz de trabajar en la mejora de la sociedad, y de producir la felicidad al mayor número de personas” (J.S. Mill)
El filósofo y político inglés del siglo XIX John Stuart Mill, de pensamiento liberal, fue un defensor de la libertad individual dentro del principio de legalidad, en oposición al control estatal y social ilimitado; defendió también la investigación de la metodología científica, y el sufragio femenino.
La obra “Sobre la Libertad” de Stuart Mill se dirige a la naturaleza y límites del poder que puede ser ejercido legítimamente por la sociedad sobre el individuo. En esta obra se mantiene el argumento de cual es el «principio del daño» o «principio del perjuicio» y mantiene «que cada individuo tiene el derecho a actuar de acuerdo a su propia voluntad en tanto que tales acciones no perjudiquen o dañen a otros», es decir, que el individuo ha de ser libre para hacer cuanto desee mientras no dañe al prójimo.
Hoy nos enfrentamos a un abuso real de poder por parte del Estado y de las Administraciones como estructuras abstractas, que bajo la excusa de proteccionismo a la persona nos presentan medidas coercitivas que lo único que hacen es limitar la libertad de la persona.
Este problema de abuso de poder del Estado tiene diversas interpretaciones y sirve de argumento para justificar lo que debiera ser injustificable; es una tendencia irrefrenable que da poder al Estado en la misma medida que limita los derechos de la persona. El Estado posee el monopolio de la violencia que le delegamos los ciudadanos y tiende a ejercerlo por naturaleza en muchas ocasiones sin límites.
Este tema es un clásico que hoy (sobre todo con las nuevas tecnologías, se ve agravado). Los analistas sociológicos concluyen que se ha llegado a disponer de seis procedimientos consensuados para evitar el abuso de poder estatal, tanto si se es liberal como social-demócrata.
Los seis procedimientos que se citan en ética política para evitar los abusos de poder son:
“1 .- Control del poder a través de constituciones y leyes: La moderación del poder se realiza para que los gobernantes estén supeditados a la ley. Ya Platón había dicho que el filósofo-rey tiene que cumplir la ley y no puede inventarla. La primera constitución moderna es la de Oliver Cromwell (1654) y desde entonces el procedimiento se ha generalizado.
2 .- División de poderes a través de una constitución mixta o división de poderes: Se busca que los diversos poderes se vigilen, o se controlen, entre sí. Los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) deberán hacer un efecto de balanza.
3 .- Limitación de poder a través de unos derechos inviolables: Es la teoría de Locke y que está en la base de la revolución francesa (1789); actualmente en la Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (1948).
4 .- Moderación del poder a través del principio de proporcionalidad: El Estado tiene prohibido el derecho de represalia y las penas jurídicas no pueden estar inspiradas por la venganza.
5 .- Participación en el poder de los ciudadanos: En otras palabras, es la democracia. Inventada por los griegos y redescubierta por el parlamentarismo inglés.
6 .- Nivelación de poder: A través de políticas que promocionan la igualdad de oportunidades se rompen las barreras entre diversos ámbitos de poder (empresarios y trabajadores, productores y consumidores, trabajadores y desempleados, hombres y mujeres …) El Estado debe promocionar que nadie quede fuera de un nivel de derechos y de subsistencia.
Todos los puntos que he citado anteriormente son la piedra angular de una sociedad moderna y avanzada. Hoy a la teoría de la ética política hay que añadir otro invitado que se ha sumado a nuestras vidas desde hace ya décadas: La tecnología; la hemos visto progresar exponencialmente hasta hacerse imprescindible; un verdadero poder que debe administrarse con la precisión necesaria para no invadir aspectos fundamentales del individuo.
La utilización indiscriminada de la tecnología por empresas influyentes y por los Estados nos lleva a tener que controlar un caballo desbocado con peligro para la subsistencia del ser humano.
No existe un solo avance tecnológico que los humanos no hayamos utilizado en contra de nuestra propia especie; la ingeniería ha creado todo tipo de armas a cual más letal. La biología, ciencia de la vida, ha sido utilizada para construir las más terribles armas biológicas.
Cuando Arquímedes pudo comprender las leyes básicas de la óptica, construyó espejos que eran capaces de concentrar rayos de luz y quemar las velas de los barcos romanos enemigos; los humanos hemos creado gases letales para el exterminio. Las armas son las máquinas sin ética por excelencia aunque estamos cediendo nuestro espacio intelectual a las máquinas y cada uno de nosotros deberá extraer las conclusiones que correspondan.
Ortega y Gasset decía que el hombre, la técnica y el bienestar son sinónimos; es verdad que la tecnología nos ha liberado de necesidades primarias, es parte del ser humano, pero no debe hacernos olvidar que somos personas y que un exceso de evolución nos pueda llevar al comienzo de la involución; la tecnología creemos que nos ha hecho más libres pero puede llegar a robarnos libertad, de hecho controlan nuestros movimientos las grandes plataformas digitales sin nuestro consentimiento. ¿Puede humanizarse la tecnología?. Una buena pregunta para la reflexión que abordaré en otro momento.
Hoy nuestra libertad pivota entre la tecnología y el control/utilización de la misma por los Estados como método para conducir a los ciudadanos por los cauces que en cada momento convenga y este es sin duda el problema, porque ningún Estado actúa inocentemente. La tecnología aplicada conforme a estrictas normas y regulaciones legales y éticas necesariamente beneficiará a todos. No se concibe una sociedad moderna sin investigación y sin que se desarrolle.
Frente a estos desafíos es conveniente que el concepto ético derivado de los avances tecnológicos evolucione, no se puede quedar anclada la sociedad en criterios obsoletos por lo que se requiere establecer marcos éticos ágiles y capaces de adaptarse a la realidad de cada momento; la involución también terminaría destruyendo el mundo.
Cuando el filósofo sueco Nick Bostrom, plantea en sus publicaciones los riesgos de la superinteligencia y el riesgo existencial que representa para la humanidad dice:
“Definamos una máquina ultrainteligente como aquella que puede superar en todas las actividades intelectuales a cualquier humano, por listo que este sea. Dado que el diseño de máquinas es una de estas actividades, una máquina ultrainteligente podría diseñar máquinas aun mejores. Incuestionablemente, habría una explosión de inteligencia, y la inteligencia humana quedaría totalmente rezagada.
En consecuencia, la primera máquina ultrainteligente será la última invención que los hombres podrán hacer, asumiendo que esa máquina sea suficientemente dócil como para permitir que mantengamos su control”, entonces habrá que evitar que se retroalimente este bucle perverso.
Interrogantes de vital importancia se nos plantean cuando nos preguntamos si una inteligencia artificial suficientemente avanzada puede superar a los humanos, qué consecuencias se derivan y si los humanos debemos limitar la inteligencia artificial.
Si pensamos en el futuro tendremos el primer paso para habitarlo si por el camino no se pierde la verdadera estatura del ser humano. Es probable que terminemos relacionándonos con robots que no se distingan de los humanos, como también es probable que una persona al morir lo haga dando la mano a robots en quienes se pudiera llegar a delegar el cuidado de los mayores. La tecnología debe ser un soporte para fortalecer a la humanidad huyendo de abusos interesados de estructuras superiores como son los Estados y esos “Grandes Hermanos” que caen en la tentación de ver nuestras vidas sin reparo tratando de doblegar nuestra capacidad de reacción y es ahora cuando deberíamos preguntarnos si antes éramos más libres que ahora.
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