4 febrero 2012

 

Un breve análisis de las consecuencias de la politización de la justicia y de las diferencias que produce la interpretación interesada de la ley, según quién sea su destinatario.

 

 

“El pueblo no obedece las leyes si no le dan ejemplo de obediencia los magistrados” (Licurgo).

 

El espectáculo que ante los ciudadanos dan los llamados poderes del Estado (políticos y jueces) sobre los que sustentan los pilares de la democracia es el ejemplo perfecto para coger la maleta y salir corriendo de este país.

 

Pierre Brossard, transmutado en la persona de Michael Caine, padece una de las persecuciones mas intensas y negra que perfectamente puede estar reproduciéndose hoy; en esta película, “La Sentencia”, se muestra como se mueven los hilos hasta ejecutar a un colaborador nazi acusado de crímenes contra la humanidad enla IIGuerraMundial.

 

Las mafias, los poderes ocultos de la política y la Iglesia han sido casi siempre los ingredientes perfectos para tener un plato tradicionalmente cocinado en todas las cocinas del mundo del poder, un plato que suele llamarse “La trama”, con un resultado la menor de las veces justo y la mayor de las veces con sabor a venganza y ajuste de cuentas, en el que ponen lo mejor de si mismos determinadas estructuras perfectamente arraigadas en los Estados para entorpecer y si cabe hacer el mal, y que, casi siempre, la sociedad civil ni intuye.

 

Las estructuras de los Estados, de tanto usarlas terminan por desgastarse, salvo que tengan un sistema de mantenimiento y renovación que impida el fenómeno de oxidación por el paso del tiempo.

 

La nación como concepto, lo aglutina todo; así se fundamentóla Constituciónde 1812 que no tuvo una preliminar declaración de derechos, pero si estableció la soberanía, independencia, libertad, ciudadanos, territorio, religión, gobierno; pero lo que logró imponerse de forma clara y rotunda fue el carácter católico, apostólico y romano que impidió cualquier atisbo de libertad religiosa.

 

En Españala Constituciónde 1978 marcó el comienzo de la sociedad moderna y el reconocimiento de derechos para muchos desconocidos; algunos de esos derechos a lo largo del tiempo, o no se han desarrollado, o si lo han hecho ha sido malamente; ya sabemos que el papel lo aguanta todo yla Constitucióntambién, no será la primera vez que denuncio la incapacidad de los poderes públicos para cumplir y hacer cumplir lo pactado, pero eso si votar votamos cada cuatro años. Quizás habría que remozarla Carta Magna, que pese a los pocos años transcurridos desde su proclamación ha envejecido prematuramente, incluso se han conservado estructuras obsoletas que han sido superadas por la evolución social del concepto propio del Estado que las cobija y que conviven con nosotros y nuestros presupuestos; me refiero a los sindicatos que padecemos, entre otros, heredados de épocas pretéritas y que hoy son un lastre inexplicable pero de conveniencia.

 

La organización de los poderes del Estado, hoy, tendría que ser necesariamente buena si se respetaran las reglas del juego, pero no, hasta ahora la mezcla del poder ejecutivo y poder judicial es tan pernicioso y hace tanto daño, que tendríamos que sanearlo todo y refundar el Estado nuevo, por pura salud democrática.

 

Pierre Brossard dice en un momento de la trama “cuando la ley y la política colisionan, la ley tiene las de perder”, en estas maniobras nunca ha faltado la Iglesia; en nuestra película de hoy, los curas tienen un especial protagonismo y el abad de aquel monasterio perdido en la montaña francesa llega a decir en tono exculpatorio cuando da posada a Brossard:”que a la Iglesia no se le acuse de cobijar a quienes atentan contra los derechos humanos”; el País Vasco es vecino de Francia.

 

La politización de la justicia, no solamente lleva a la anulación de ésta, sino que se quiebra el principio elemental de la igualdad de todos ante la ley; lo vemos con mayor notoriedad a medida que pasan los días y se suceden las noticias, que la igualdad no existe, simplemente por la comparación de lo que aparece en los medios y lo que sucede en nuestro entorno, que evidentemente no es noticia; la otra justicia es una forma peculiar de ver la ley, como si existiera una distinta; la justicia que entonces aplicaron a Brossard, ha sido refinada hoy con buenos modales para ser presentada en el escaparate social y que los ciudadanos, mas cultos sin duda, no se alteren; pero la ley y su resultado (la justicia) continúa manejada por la política, ya sabemos quien va a perder, nosotros.

 

Mariano Avilés – jurista

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