
“lo peor de todo, es que creemos que entregar nuestra sangre con cada mordida pudiera ser la solución al problema, cuando entregar la sangre es el problema en si mismo, que por mas que se espera, no encuentra solución.”
A modo de ilustración: http://elblogdegeografiaehistoria.blogspot.com.es/2011/11/joaquin-costa-la-conciencia-de-espana.html
Me planteo hoy este tema como una cuestión de estética, aquello que muchas veces queremos que una cosa aparezca de una manera y la realidad, desgraciadamente, nos muestra otra cosa bien distinta; tampoco hay que dejar de lado la ética.
Escuchamos hasta el hartazgo que la solución de los males de España pasan por que las entidades financieras de este país tengan oxígeno para respirar; cuando oigo esto, de verdad que al que cuesta respirar es a mi y supongo que conmigo a muchos ciudadanos de un país como el nuestro dónde los dispendios, los latrocinios sin culpa y los expolios se justifican desde la legalidad de forma permanente e insultante, aquí no hay responsabilidad para unos cuantos que se llevan a manos llenas lo que los demás pagamos .
La democracia se entendió en los medios de opinión cultos del siglo XVIII como un régimen político obsoleto, propio del mundo clásico griego, un sistema que había demostrado insistentemente su inviabilidad y facilidad para llegar a la meta de la anarquía. Son muchos los estudios que en este sentido certifican lo que acabo de decir, porque aunque a simple vista parezca frívolo lo dicho, nunca me atrevería a jugar con estos conceptos si no fuera porque la realidad tozuda de los hechos que nos rodean nos lleven a la misma desgraciada conclusión, esto es: injusticia, desigualdad y ausencia de responsabilidad.
Hay que reconocer que el bueno de Mostesquieu quiso hacerlo bien, pero para eso estaban las generaciones que habrían de venir para llegar a la conclusión terrible pero cierta, de que aquel personaje y sus teorías habían muerto; eran afirmaciones venidas de la izquierda y fruto de un análisis de ese preciso momento de finales del siglo XX; ya había llovido.
Pero la historia de la “evolución” democrática tiene un punto de inflexión y es precisamente el momento en el que los ciudadanos se sienten bombardeados por múltiples efectos comunicativos venidos sin mucho esfuerzo hasta nosotros para tratar de mirar la realidad desde distintas perspectivas y sin pasar por el esteticista; es la información, es la noticia maquillada la que crea los criterios interesados, las actitudes y que además moldea día a día nuestras voluntades.
Esta sociedad actual, afortunadamente, es bien distinta a la del siglo XIX ,(que no está tan lejos), hoy los ciudadanos tenemos criterio, mejor o peor fundado, dependiendo de la fuente en la que nos inspiramos, pero tenemos criterio y ahí está la cuestión.
El genial Goya pintó el cuadro “Saturno devorando a sus hijos”, terrible cuadro, una época negra del pintor que no presagiaba nada bueno, como así fue en todos los terrenos del siglo XIX en el que vivió el pintor aragonés.
Va en nuestro carácter; España ha sido un país de caciques y de oligarcas, la historia lo demuestra, es irrefutable y a las pruebas me remito, el poder, en un buen número de casos, lo acaparan personajes zafios y sin preparación que cada día regulan nuestras vidas y haciendas; políticos de corto pelaje en un buen número de casos , sindicalistas metidos a banqueros, remiendasuelas que aun no sabiendo hablar ocupan un lugar en el Parlamento cuna de la expresión y además se permiten opinar de lo que hay que hacer en cada momento; en fin, un país de pícaros que en siglos ni ha aprendido, ni ha cambiado; volvemos a estar, cuando menos en el siglo XIX.
Nos vemos integrados en una estructura económica y…. no se sabe qué mas, que nos dice y amenaza con lo que debemos hacer, sin saber y conocer la preparación intelectual ni técnica de quienes nos ordenan; es como una horrible huída hacia adelante la que han hecho los políticos, confabulándose entre si, para crear una superestructura, con muy pocas cosas en común, cuando se ha agotado la anterior, con el objetivo claro de no perder privilegios.
Políticos con garras parlamentarias y con una visión de la realidad en esta España de hoy, pocos; los y las que son, sobresalen claramente frente a los mediocres que van de comparsa en pago de favores partidistas; pero que los ciudadanos ya ni escuchamos, pero los tenemos ubicados.
La historia lo dice, fue a finales del siglo XIX cuando Joaquín Costa, otro aragonés ilustre, quien fuera el crítico más radical e influyente de aquella época quien exigiera la jubilación de la clase política. El parlamento era un órgano de “oligarcas”, y los partidos “oligarquías de personajes sin ninguna raíz en la opinión ni más fuerza que la puramente material que les comunica la posesión de la “Gaceta”; esto era el resultado de una famosa encuesta que se hizo en el Ateneo de Madrid sobre oligarcas y caciques.
Dos terribles palabras “oligarquía” y “caciquismo”, era la forma de gobierno de finales del siglo XIX y eran los males a erradicar que sobreviven hoy como si se hubiera utilizado un calco para copiarlos; Costa decía que tras esos dos conceptos estaba una triste realidad “España no es una nación libre y soberana”, porque detrás del concepto “elecciones se encuentra la realidad de la soberanía nacional, libertad, democracia, que eran permanentemente amputadas por intereses de unos pocos».
Hoy la realidad de aquel cuadro de Goya nos persigue sin tregua; nos devora una siniestra estructura movida por unos pocos para no ser destronados en sus privilegios y, lo peor de todo, es que creemos que entregar nuestra sangre con cada mordida pudiera ser la solución al problema, cuando entregar la sangre es el problema en si mismo, que por mas que se espera, no viene la solución .
Mariano Avilés- jurista
