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«Ha sido un bello descubrimiento de belleza. Nunca tuve tiempo de notar la belleza de mis nietos, mi esposa, del árbol afuera de mi propia puerta. Y de la belleza del tiempo en sí».

El otoño de nuevo viste de colores el paisaje; el paseo sosegado invita a  descubrir la inmensidad de matices que pueblan el camino de la vida; matices en los que en muchas ocasiones no reparamos y que nuestra experiencia nos pone en la retina. ¡Es curioso que este extraordinario muestrario de colorido haya estado siempre ahí y posiblemente no lo hayamos visto!.

Cuando llega el otoño, nuestro otoño, esperamos que el aire huela a humo de chimenea, que huela a recuerdo, que huela a lo auténtico de la vida, de la experiencia, de la satisfacción, de la tranquilidad que da seguir cumpliendo con nosotros mismos, con nuestro entorno; es tiempo de júbilo y hacer pequeñas excursiones placenteras fuera del camino de siempre, es conveniente. Un gozo que reconforta el alma u que te permite seguir haciendo camino después de haber inhalado ese aire fresco que nos da el otoño de nuestra vida.

Cuarenta años de camino Maria, no es un camino el tuyo todavía largo, aunque sí intenso, ese camino que en tramos te encuentras con gestes, amigos, compañeros, familia; un camino que con la sequedad del Verena pudiera descubrir algún incomprensible incendio, un camino de subidas y bajadas, de colaboración y ayuda para tener una sociedad mejor, un mondo mejor sin buscar reconocimiento.

El vestido que cada uno de nosotros nos ponemos para hacer el camino (sea de médico, abogado o cualquier otra profesión) no es más que la envoltura para no sufrir las inclemencias; envuelve lo fundamental, envuelve a la persona y el grado de nobleza que tenga, y María lo tiene, un alto grado de nobleza y servicio a los demás.

Alguien dijo del momento en que llega el júbilo: «Ha sido un bello descubrimiento de belleza. Nunca tuve tiempo de notar la belleza de mis nietos, mi esposa, del árbol afuera de mi propia puerta. Y de la belleza del tiempo en si».

Termino mis palabras de reconocimiento hacia  ti como amiga incansable diciéndote: María de una agresión las personas podemos defendernos, pero de una alabanza no.

Gracias Maria y felicidades

Madrid, 26 de octubre de 2018 (momento de júbilo para María Sainz)

 

 

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