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Parásito: “dícese del organismo animal o vegetal que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de sus sustancias y depauperándolo sin llegar a matarlo”; por ello el parasitismo es un “modo de vida y modo de asociación de los organismos parásitos”.

 

La introducción del término “nacionalidades” en el texto constitucional de 1978 significó, en gran medida, un respaldo a los  nacionalistas. Cataluña y el País Vasco consiguieron nuevos estatutos de autonomía, un proceso que acabó generalizándose  hasta llegar al llamado “Estatuto de las Autonomías”. Además, el ingreso en la OTAN y en la Comunidad Económica Europea supuso una considerable pérdida de soberanía nacional en beneficio de aquellos que desde siempre han querido quebrar España.

De las actuaciones seguidas en las querellas que se presentaron ante el Tribunal Supremo y Audiencia Nacional contra el ex presidente de la Generalidad de Cataluña, ex consejeros, presidenta del Parlamento y algunos miembros de la mesa de esa Cámara por el “proceso de desconexión democrática no supeditado a las decisiones  de las instituciones del Estado español y más concretamente del Tribunal Constitucional”, se deduce que se constituyó una trama, dirigida por el Gobierno y mesa del Parlamento – donde los independentistas gozaban también de mayoría absoluta – , utilizando como medios – muchas veces de coacción – para alcanzar tales fines.

No quisiera ser injusto definiendo de forma imprecisa lo que es un parásito, por ello recurro a la definición oficial del diccionario de la Real Academia de la Lengua. Parásito: “dícese del organismo animal o vegetal que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de sus sustancias y depauperándolo sin llegar a matarlo”; por ello el parasitismo es un “modo de vida y modo de asociación de los organismos parásitos”.

Pocas ocasiones en la vida existen tan claras para calificar de parásitos a esta banda catalana que dice representar a los ciudadanos de aquella Comunidad Autónoma, sin que sea cierto;  dicen que España les roba, siendo ellos con nombre y apellidos (no Cataluña la que roba y extorsiona a España) quienes se irrogan la potestad de hablar por todos los ciudadanos de Cataluña; son esta banda de hipócritas los que crean enfrentamiento social y  enormes agravios entre regiones que se ven discriminadas en el reparto de los presupuesto comunitarios en beneficio de Cataluña para despilfarrar los recursos en sus propios manejos.

El chantaje permanente al que se ven sometidos los gobiernos y ciudadanos de España es incomprensible, como incomprensible es que partidos que tienen como fin violentar las leyes, que lo proclaman sin mayor rubor, estén dentro de la Constitución, cuando lo que pretenden es precisamente vulnerarla y socavarla en beneficio propio, parasitismo puro y duro.

Los ciudadanos vemos atónitos como los gobiernos se pliegan a los deseos voraces e insaciables de los independentistas catalanes en busca de una autodeterminación que, o se reforma la Constitución, o nunca existirá, sabiendo además que si no son ilegalizados los pocos representantes que tengan en el  Congreso servirán como moneda para seguir extorsionando y mordiendo con fuerza a España ante su pasividad. Culpa de todo esto la tiene indudablemente el gobierno central y fuerzas políticas constitucionales que deben actuar como un bloque de una vez por todas. ¿Cuándo morirá el perro para que se acabe la rabia?.

No quieren a España, pero viven de ella y cuanto más recursos económicos les demos mejor; reniegan de España pero sus estructuras económicas y comerciales viven fundamentalmente de España y estos parásitos políticos que residen en esa comunidad autónoma y en otras partes de Europa prófugos de la justicia, siguen viviendo exquisitamente de nuestros presupuestos e impuestos porque los políticos parásitos que están aferrados al tronco de España siguen alimentándose de nuestras sustancias, para mantener viva una estructura que quiere acabar con quien les ha reconocido un grado de autonomía difícil de encontrar en otras partes del mundo.

Los actos de fuerza de los días 20 y 21 de septiembre hacia las Fuerzas de Seguridad  nacionales que seguían órdenes judiciales cuando registraron diversas consellerías para esclarecer la participación del Govern en la organización del referéndum del 1-O, son elocuentes. Al frente de la chusma estaba Oriol Junqueras y secuestraron durante veinticuatro horas a la comisión judicial, unas movilizaciones antijurídicas  en las que se produjeron atentados a los agentes y que contaron con la colaboración de los mossos, a las órdenes de Forn y no hicieron nada por impedirlas.

Hoy los independentistas catalanes se sientan en el banquillo del Tribunal Supremo, callados,  cabizbajos  y  seguro que si pudieran esconderse y pactar la libertad lo harían aun borrando ese credo al que dicen aferrarse tan indignamente.

Quienes se hartan de bendecir con supina indecencia las bondades de la autodeterminación, la independencia y la república proclaman que lo intentarán una y otra vez ( eso sí, apoyados con fondos públicos)  y debieran tener los días contados; estos personajes mentalmente enfermos no entienden lo que ya se les ha dicho por activa y por pasiva aunque el señor Sánchez, traidor donde los haya, les ha dado oxígeno para ver si respirando ellos respiraba el; al final la fábula de la rana y el escorpión vuelve a aparecer y los ciudadanos de España incluida más de la mitad de catalanes estamos verdaderamente hartos de afrenta tras afrenta y lo normal es que si tienes de compañero una bestia inmunda termine picándote.

El art. 155 siendo un instrumento constitucional para casos de emergencia no deja de ser injusto precisamente para ese cincuenta y cuatro por ciento de ciudadanos de Cataluña que se sienten españoles; una solución definitiva sería la ilegalización de quienes pretenden socavar la soberanía española utilizando los mecanismos que el propio Estado tiene reconocido como derechos a los ciudadanos. Estos energúmenos solamente entenderán el lenguaje que les ponga fuera de la ley y esto debe saberlo y reconocerlo quienes aspiran a representar a los españoles y a administrar nuestros intereses, derechos y patrimonio institucional forjado con no pocos esfuerzos, para que dos millones de desgarramantas decidan por más de cuarenta y cinco millones de

ciudadanos. Si quieren autodeterminación que promuevan el cambio de la Constitución en el sentido que ellos desean; solo desde esta perspectiva sería admisible lo que pretenden, si es que llegaran a conseguirlo cuestión harto difícil.

A los independentistas catalanes les ha salido todo al revés. Iban a convertir Cataluña en la próspera “Dinamarca del Mediterráneo” y las empresas día a día siguen huyendo de aquel próspero trozo de territorio español, viendo como cae la actividad económica, turística y de imagen que llevará a la ruina a la Cataluña de los lazos amarillos.

Ni Europa acogería a una Cataluña independiente, ni tan siquiera les permitirá expresarse en los foros de la Unión Europea, lógicamente fuera de la osadía de Bélgica albergando prófugos de la justicia, al igual que hiciera Venezuela con los asesinos de ETA.

Iban a gobernar en la nueva República catalana y se han visto con la tímida aplicación del art. 155 de la Constitución. En su momento la historia también juzgará al salvapatrias de Rajoy, un inútil constitucional.

Estos parásitos que viven en una Cataluña cada vez más quebrada, alimentándose de los presupuestos que generosamente les envía el Gobierno Central a cambio de favores inconfesables,  hoy conocidos por todos; estos parásitos decía,  no cejarán en su empeño aunque este sea inútil, pero ya han manifestado que les encanta ver como la inestabilidad del Gobierno de España depende de su voluntad, por eso, ante tamaña afrenta solo cabe una solución, la ilegalización de los separatistas de raíz, de una vez por todas, y que se vayan a la Republica catalana de Bélgica.

Contravenir la norma constitucional no debiera ser gratuito. Cuando se estaba consensuando el texto constitucional, artículo a artículo, uno de los padres de la Constitución, Herrero de Miñón dijo que el término autonomía “no ha de entenderse como sucedáneo de autodeterminación secesionista” porque así se estaba empleando ya el término autonomía desde el nacionalismo. “La autonomía –afirmó Herrero de Miñón– no es el pórtico ni el sucedáneo de la autodeterminación secesionista”.

El Tribunal Constitucional lo dejó meridianamente claro: “La autonomía hace referencia a un poder limitado. En efecto, autonomía no es soberanía – y aún este poder tiene sus límites-, y dado que cada organización territorial dotada de autonomía  es una parte del todo, en ningún caso el principio de autonomía puede oponerse al de unidad, sino que es precisamente dentro de éste donde alcanza su verdadero sentido, como expresa el artículo 2 de la Constitución Española”.

Quiero concluir esta reflexión con la idea de que reconocer la importancia democratizadora  de la descentralización obliga también a dejar muy claros los riesgos de la descentralización: la conversión de la temática descentralizadora  en principio de separación estatal y la conversión de la descentralización en ideología que no siempre sabe entender el fundamento constitucional y por ello hay que ejemplarizar conductas que se separen del camino de la Constitución en tanto su texto sea el que es.

M.A. Jurista

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