25 agosto 2017

LA DELGADA LINEA ROJA

Publicado por maviles en Política y Estado

 

 

«Políticas y políticos de nuevos tiempos nos contemplan en los que la media luna ha decidido conquistar a los infieles, que somos nosotros; políticas de acogida que no son correspondidas por quienes llegan; los recibimos con los brazos abiertos, brazos, sin duda, demasiado abiertos.»

 

Desde que en 1848 se publicara por Marx y Engels el Manifiesto Comunista que comienza con la famosa frase “Un fantasma recorre Europa” ha pasado más de siglo y medio; ahora nuevas fuerzas vienen a rememorar aquella amenaza que entonces se llamaba comunismo y que hoy se pudiera llamar “La media luna”.

El fracaso de la experiencia comunista es evidente, porque medio mundo sigue explotando al otro medio como sucediera antaño; siempre hay alguien que aprovecha la debilidad estructural para erigirse en líder incontestable que desea el poder absoluto, sea cual sea el signo del régimen.

A raíz de los atentados perpetrados en Cataluña me he parado a pensar no solo qué está sucediendo para que esto sea posible en una sociedad intervenida como es en la que estamos, sino también qué papel jugamos cada uno de nosotros (además de víctimas) en la realidad de España donde como en todos los Estados se cuecen asuntos poco confesables, armas, guerras, negocios de mandatarios a cambio de mirar para otro lado en determinados controles que debieran ser necesarios, en fin dineros embolsados a cambio de favores de Estado.

Los que somos peones de Rey (casi todos nosotros), menos la casta política, incluida la que lleva coleta que quiso desvincularse y ha visto que no puede y además no quiere dejar de ser casta, no alcanzamos a entender realmente (pese a toda la información) qué es lo que sucede y lo que es peor, qué podemos hacer para enfrentarnos a decisiones injustificadas de nuestros políticos, menos sabios, menos preparados que los de antes y con menor ejemplaridad que la mayoría de los ciudadanos que les nombramos nuestros representantes; unos representantes del pueblo que parecen ser cualquier otra cosa menos representantes nuestros.

Asistimos en estos días a mensajes cruzados sobre políticas de inmigración, sobre beneficios a los inmigrantes; un agravio comparativo directo a los ciudadanos que mantenemos este país día a día con nuestro esfuerzo y dinero, verdades que cuando las pulsas se clavan como un puñal, al ver que bajo el estigma de la miseria humana existe todo un entramado de engaño, picaresca, extorsión y negocio que genera la propia condición humana de miseria con la condescendencia de quien lo permite; es como la planta y sus parásitos que viven a costa del tallo que le acoge y que incluso le arrebata la vida en toda la extensión de la expresión; un parásito es despreciable ya de entrada.

Si aquí y ahora tuviera que hacer una denuncia, sería un texto duro, muy duro, hacía la política inmigratoria adoptada no solo por España sino por buena parte de la Unión Europea; trataré de endulzarlo con la prosa propia de quien escribe en un blog para los asiduos que lo leen, pero sin quitarle un ápice de la carga de preocupación que el caso requiere.

La contribución de España a la desaparición de la identidad europea en beneficio de los habitantes de Berbería, bereberes o bárbaros según se dieron en llamar, es de libro, somos los vecinos más inmediatos de África y los del Islam nos tienen ganas.

España tradicionalmente ha sido un país de emigrantes, emigrantes que en la mayoría de los casos en épocas de la posguerra, más allá de los años cuarenta del siglo pasado tenían que cruzar fronteras, que nos acogieran y ayudaran dando trabajo a cambio de un salario que servía para sobrevivir al cabeza de familia y a la familia que quedó en una España bajo el régimen franquista de economía de autosuficiencia, encerrada en sí misma; fueron tiempo duros en los que los emigrantes agradecieron a los países de acogida la hospitalidad brindada; familias españolas enteras nacieron en esos países de destino y hoy regresan temporalmente a visitar a sus antepasados con la misma nostalgia y honor de quien en su día partió y se les recibe con el cariño debido.

Por tanto, de emigración España sabe algo; aquellos trenes abarrotados que partían con destinos diversos más allá de los Pirineos que entonces era una cadena de montañas que “nos separaban de Europa”; así lo contaban los libros de geografía de la época; una Europa con bajos índices de natalidad que necesitaba mano de obra y con esta necesidad apareció la llamada emigración asistida. Francia, Alemania, Reino Unido, Bélgica, Holanda y Suiza pactaron con los países del sur de Europa contratos de trabajo para cubrir sus necesidades laborales. Las autoridades españolas gestionaban la emigración con el Instituto Español de Emigración, lo que daba a los emigrantes un aval de seguridad y al país de acogida una garantía de que la persona que llegaba podía ser contratada para ganarse el sustento lícitamente y sin reparos.

Ser emigrante en la España de los años cuarenta y cincuenta tenía la doble condición de arrojo y desesperación por salir adelante; nostalgias y querencias, lágrimas y esperanza se mezclaba todo en un solo sentir por aquello que se dejaba atrás. Valderrama lo cantó:

ADIOS MI ESPAÑA QUERIDA
DENTRO DE MI ALMA TE LLEVO METIA
AUNQUE SOY UN EMIGRANTE JAMAS EN
LA VIDA YO PODRE OLVIDARTE

Hoy España es un país de dónde los jóvenes que buscan trabajo y no lo encuentran tienen que salir necesariamente, con la diferencia de que la España actual está integrada en la Unión Europea y dónde las personas que salen en busca de trabajo han sido muy bien formadas; evidente es que cada vez que sale uno de nuestros jóvenes, formados con nuestro esfuerzo, perdemos una oportunidad indiscutible para devolver a la sociedad lo que la sociedad le ha dado a quien emigra, es el nuevo sino de los tiempos que nos toca vivir.

La palabra emigración no es sinónimo de baja condición laboral ni mucho menos humana y normalmente ha dejado de emplearse en la cultura occidental. El Tratado de la Unión ampara la libre movilidad de ciudadanos entre los países que integran la Unión Europea, en un mundo globalizado donde el movimiento de personas, empresas e instituciones es generalizado con capacidades profesionales de primer nivel.

Volvamos por un momento la vista a nuestra historia y poder entender la actualidad:

 “”Todo decae después de alcanzar la perfección…/ El surtidor de la blanca fuente para la ablución llora de desesperación, como el llanto de un apasionado amante por la partida de la amada, / otra vez viviendas vacías del Islam, cuyos habitantes viven ahora en la incredulidad, / donde las mezquitas se han convertido en iglesias en las que sólo hay campanas y cruces…/ ¿Oh, quién reparará la humillación de un pueblo que una vez fue poderoso, un pueblo al que ha cambiado la situación de injusticia y los tiranos? / ¡Ayer eran reyes en sus propios hogares, pero hoy son esclavos en la tierra de los infieles! /  Los verás desconcertados, sin nadie que los guíe, portando el paño de la vergüenza en todas sus formas, / y contemplarás su llanto cuando son vendidos, el miedo en su corazón y el dolor que los embarga. / Por desgracia, muchas doncellas tan bellas como el amanecer, como si fueran rubíes y perlas, / han sido empujadas por los bárbaros a la deshonra contra su voluntad, mientras sus ojos se llenan de lágrimas y su corazón está aturdido. / ¡El corazón se derrite por el dolor a causa de semejante espectáculo, si aún queda algo de Islam o de fe en ese corazón!”

Estas palabras fueron escritas por el poeta ar-Rundi tras la caída de Sevilla a manos de Fernando III rey de Castilla (1199-1252) en diciembre de 1248. Otras ciudades españolas como Valencia, Murcia, Jaén y Córdoba ya habían sido reconquistadas. En 1492  el reino musulmán de Granada se rindió a los monarcas católicos Fernando e Isabel, y la expulsión definitiva de los musulmanes  tuvo lugar más de un siglo después, entre 1609 y 1614 con el rey Felipe III; esto significa que todavía existía una población musulmana muy numerosa medio milenio después del punto culminante de la cultura andalusí en el siglo XI.

Políticas y políticos de nuevos tiempos nos contemplan en los que la media luna ha decidido conquistar a los infieles, que somos nosotros; políticas de acogida que no son correspondidas por quienes llegan; los recibimos con los brazos abiertos, brazos, sin duda, demasiado abiertos. Políticos a los que se les llena la boca de humanidad utilizando lamentables programas de inmigración cuando la carga económica y social la soportamos los demás; son unos irresponsables exponiéndonos ante quienes llegan en oleadas, unos para trabajar, otros para bien vivir a costa de las políticas de subvención de las que gozan en occidente y otros para atentar y delinquir; la obligación de los gobernantes es la de garantizar la seguridad y libertad de sus gobernados. No somos para los islamistas par entre iguales, ellos son ellos y los demás no cuentan porque somos infieles.

La irresponsabilidad de nuestros gobernantes se da por hacer posible una política de inmigración peligrosísima ahora y para próximas generaciones; nos preocupa el medio ambiente y parece no preocuparnos que nos maten y que tengamos que ir a rezar a la mezquita por obligación, dejando la babuchas a la entrada.

Quienes conocemos el mundo árabe, aunque sea de turismo, hemos podido comprobar que en su terreno las normas son inapelables;  o pasas por lo que hacen y dicen o tienes un serio problema; aquí en España los de la media luna campan por sus fueros y lógicamente a los presos, por ejemplo, que están en cárceles españolas que pagamos con nuestros impuestos les tienen que dar menú a la carta porque nuestras costumbres son basura para ellos.

El gran drama vivido por el Magred aun sigue; una tierra de nadie, de líderes más corruptos todavía que los nuestros, perdido como pueblo y los que quedan aun llevan amuletos con frases del Corán que inventó Mahoma. Si España quiere mantenerse segura debe reafirmarse en su unidad y en considerar la política norteafricana como una prioridad de máxima necesidad y rigor. En Ceuta y Melilla el 50% de la población son moros islamistas.

En Cataluña la política proindependentista viene alentando el incremento de la población islamista, de hecho hoy es el 6,9% de la población y en Gerona llega a ser del 11%, cifras importantes hasta contabilizar más de 500.000 islamistas en la Comunidad Autónoma producto de la incentivación de la inmigración de Marruecos. Hoy esta política consentidora es un auténtico vivero terrorista en Cataluña donde de cada cuatro mezquitas instaladas tres son radicales.

Sus  formas de vestir, su violencia, formas de comportarse, sus ideas respecto al maltrato de la mujer es propio de ellos y de eso presumen. La mujer es un ser inferior que mutilan sin piedad. La vida no vale nada cuando se habla de guerra santa; occidente no debiera tolerar que ni tan siquiera se insinúen estas posiciones de radicalismo.

En Cataluña el 80% de las ayudas sociales se las llevan los inmigrantes ilegales a quienes se les da 600 euros por persona y se sabe que buena parte de ellos han dejado de ser inmigrantes para vivir en Marruecos y seguir cobrando dicha cantidad, en la Comunidad Valenciana la asignación solo por renta de garantía de ingresos es de 532 euros por persona y mes, en el País Vasco 650 euros, entre otros beneficios sociales y así podríamos ir por otras regiones de España.

Es evidente que al inmigrante legal hay que tratarlo con decencia y dignidad, pero España debe poner las condiciones que garanticen que entre ellos no hay ilegales. El descontrol gubernamental es de antología del disparate porque tratan de rozar lo políticamente correcto, de lo que se benefician los inmigrantes ilegales, ingentes cantidades que pagamos los ciudadanos españoles con impuestos desorbitados, injustos y sin contraprestación en muchos casos. Agustín de Moreto en una de sus obras escribió: “Los que vienen de fuera acabarán arrojando de su casa a los españoles”.

En España tuvimos un serio problema con ETA que afortunadamente pasó a los anales de la historia negra; hoy tenemos entre nosotros otro fantasma que recorre Europa y especialmente España, es el Islam y este sí que es peligroso, muy peligroso.

Desde aquí reclamamos a las autoridades españolas una política de inmigración que defienda los intereses de los ciudadanos españoles, una política rígida y dura para que quien permanezca entre nosotros se adapte a las costumbres de occidente y quien no cumpla con los requisitos sea automáticamente expulsado.

Advertidos estamos, quieren reconquistar Al-Andalus con su guerra santa y con ello llegar al corazón de Europa. Ante semejante amenaza de nuevos atentados la tranquilidad de la población desaparece por lo que no solamente hay que tomar medidas, sino que necesitamos empezar a recibir el mensaje de que la seguridad está protegida y que podemos movernos con libertad y sin ser coartados ni nosotros ni nuestras familias.

Políticos catalanes se les ha colocado frente a su responsabilidad por los atentados producidos y no sirve que se pongan ni macetas ni bolardos, mañana atacarán con drones, descarrilando trenes o acuchillando a personas; no basta con ello, hay que endurecer la legislación y no permitir que entre nosotros quede ni uno, ni tan siquiera en las cárceles españolas, deportados a sus países, aquí quien no cumpla con la norma no tiene el más mínimo hueco, no queremos entre nosotros a los asesinos que bajo el cobijo de la inmigración y la acogida humanitaria vienen a matarnos. ¡Politicos, estáis advertidos de vuestra responsabilidad! Con las vidas de los ciudadanos en juego; no es una ilusión que estén montando los bárbaros para acojonar a las poblaciones, es una realidad en sí misma.

Las exigencias de la población deben dar un paso y pedir responsabilidades a nuestros mandatarios, debe ser un clamor; que la responsabilidad recaiga firme contra quien deje de actuar pudiendo hacerlo;  no esa responsabilidad política que se han inventado y que nadie sabe hasta dónde alcanza; la realidad es que siempre salen indemnes de sus errores y fechorías; se deben comenzar a exigir  responsabilidades civiles y penales de quienes mandando y con posibilidades de mandar hacen caso omiso  y dejación de sus obligaciones.

Nada de políticas de subvención a los inmigrantes ilegales que les permita tener más derechos que los propios ciudadanos españoles. El inmigrante que esté en España, o está trabajando o no tiene sentido que permanezca aquí disfrutando de condiciones propias de los españoles, educación, sanidad, desempleo, etc.

Es un clamor ciudadano que cesen los privilegios de los inmigrantes ilegales y de los que no producen; menos alfombras a quienes llegan sin control, es propio de políticos que suelen disponer de voluntades ajenas como si fueran propias, esos políticos que han llegado a mandar porque aquel día salió el sol, sin un curriculum que les avale; ni es razonable que sigan jugando con nosotros, nuestros intereses y nuestras vidas; menos solidaridad con los de fuera que no lo merezcan y más garantías y seguridad jurídica para los de dentro, porque un nuevo fantasma recorre España y no va vestido de blanco, va teñido de rojo.

Soy consciente que estas palabras habrá a quien no les guste ni comparta, que les suenen a insolidarias, arbitrarias, radicales e incluso contrarias a derechos de las personas; con ellas pretendo ser justo lo contrario, solidario denunciando y compartiendo la pena que sufren quienes hasta ahora han sido víctimas del Islam con la connivencia e inactividad política; políticos catalanes dedicados a aventuras rupturistas sin recorrido.  Me gustaría conocer que opinión tendrían quienes pudieran criticar mis palabras cuando los afectados fueren ellos o sus familias. Esta es la delgada línea roja que definitivamente debemos sobrepasar para frenar el temible fantasma que ya recorre España y Europa.

 

Mariano Avilés – jurista

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