7 julio 2014

¿SE DEBE REINVENTAR LA MONARQUÍA?

Publicado por maviles en Política y Estado

 

Que se reinvente la monarquía, no está de más, que se adapte a los nuevos tiempos y participe de los problemas de los demás que la sostenemos no es mucho pedir; simplemente se exige cordura, sensibilidad, cumplimiento de la ley y justicia para todos igual.

 

 No voy a remontarme a la tradición monárquica en España. Las revoluciones constitucionales sometieron a examen el régimen monárquico que fue sustituido por nuevas formas republicanas.

 La expansión de la revolución en Europa fue creando repúblicas en los dominios señoriales del continente europeo; ya en el siglo XVIII la república era una alternativa de gobierno a la monarquía.

 Fue en 1810 en las Cortes del 24 de septiembre  cuando se produjo la revolución constitucional que estableció que la soberanía era nacional y no monárquica, una nueva concepción que recogió la Constitución de 1812; puede decirse que con el principio de la soberanía nacional, el modelo de monarquía de 1812  era bastante republicana, reservándose al rey un espacio de poder ejecutivo y en alguna medida coparticipación en el legislativo.

 Fue la ideología liberal la que devolvió a la monarquía el lugar central en el ordenamiento político. Con la Restauración, la monarquía constitucional consolidó el poder directo del monarca, que se reflejó en su estrecha vinculación al ejército como mando supremo del mismo.

 En el siglo XX los términos monarquía y república han navegado en mares revueltos. Para Antonio Maura  la monarquía era una institución titular del momento constituyente, era la médula del Estado, el núcleo de la nacionalidad; intentar instaurar una república en una sociedad como la española era “obra de un arquitecto que se pusiera a proyectar sin contar con la ley de la gravedad”. La diferencia entre monarquía y república (rex pública) era que la primera se presentaba como “un poder social” y la segunda “solo un poder político”.

 La doctrina de la representación hace que se manejen términos como el diálogo institucional entre el rey y el pueblo organizando para ello unas Cortes estamentales, con dos cámaras: la baja nutrida por los representantes de estamentos sociales y cuerpos intermedios, y la alta de corte selectivo y aristocrático, nobleza y clero.

 En los albores del siglo XX el PSOE no inscribió en su programa la forma de gobierno sugerida , pero su líder Pablo Iglesias, se declaró (1912) republicano en el parlamento y en este sentido decía: “no somos monárquicos, porque no lo podemos ser; quien aspira a suprimir al rey del taller, no puede admitir otro rey”.

 A juicio de Manuel Azaña la monarquía se había convertido en absoluta y, por tanto, era incompatible con el liberalismo y la democracia. El rey no había hecho otra cosa, a lo largo de su mandato, que aprovecharse de las “dificultades cotidianas para cimentar su poder personal”.

Con el escritor José María Pemán se acuñan términos que envuelven a la monarquía “Patria, Religión y Monarquía”        quieren representar una idea de nación con valores histórico-religiosos ; monarquía y catolicismo eran “las dos máximas realidades españolas”; Pemán en 1929 señaló que la Restauración había sido un pacto poco recomendable entre liberalismo y monarquía. La Restauración equivalía a “caciquismo, favoritismo, oligarquía partidista, corrupción electoral, recomendación e injusticia. La monarquía tradicional se basaba en una legitimidad de carácter religioso. El rey se consideraba responsable solo ante Dios, no ante el pueblo.

 Del análisis retrospectivo del papel de la monarquía podría deducirse que ha sido esta figura de estado la que en momentos críticos, salva a la nación de los peligros que le atacan y se empezó a madurar  sobre la instauración de una monarquía tradicional (Pemán 1929) como forma política “limitada” y corporativa que superara al absolutismo y al liberalismo. Una vez caída la dictadura de Primo de Rivera , se pusieron de manifiesto las dificultades de continuidad de la monarquía.

El Consejo del Reino, con función de asesorar al rey fue una forma de designación directa del monarca o inducida por derecho propio; eran consejeros: El heredero de la Corona, el arzobispo de Toledo, el capitán general de la Armada, el presidente del Tribunal Supremo y el decano-presidente de la Diputación Permanente de la Grandeza de España.

 Ortega y Gasset se declaró republicano y afirmó que la monarquía, desde la Restauración, no había hecho más que “especular sobre los vicios españoles” con una política de “aprovechamiento para su exclusiva comodidad y se había arrellanado en la indecencia nacional”.

 El apoyo del ejército a la monarquía (propio de la dictadura) marcó un hito. Ramiro de Maeztu entendió la monarquía como unidad de poder, más que una fórmula hereditaria de una dinastía, aunque si se consideró monárquico.

 En los veintisiete puntos del programa político de Falange Española de José Antonio Primero de Rivera (hijo del dictador), no recogía el tema de las formas de gobierno. En 1935 pronunció uno de sus discursos más comprometidos en el que señaló a la monarquía  como “una institución gloriosamente fenecida”. Por su parte el nuevo Caudillo señaló que , en el caso de un retorno de la monarquía, debería ser por completo distinta a la de la Restauración; de hecho se dejó la puerta abierta a la instauración de una nueva monarquía: “Cuando hayamos dado fin a esta ingente tarea de reconstrucción espiritual y material, si las necesidades patrias y los sentimientos del país así lo aconsejen, no cerramos el horizonte a la posibilidad de instaurar en la nación el régimen secular que forjó su unidad y su grandeza histórica”.

Fueron las Bases de Estoril las que tendrían una gran influencia en la legislación franquista. La Ley de Sucesión de 1947 estableció la confesionalidad católica, la monarquía tradicional y representativa, el Consejo del Reino y el Consejo de Regencia y se atribuía a Franco el poder de excluir de la sucesión a las personas que se desviasen de los “Principios Fundamentales del Estado”.

 El 23 de junio de 1969 Franco, por decisión soberana, nombró como sucesor, a título de rey a Juan Carlos de Borbón, que juró los Principios del Movimiento Nacional.

 El PSOE se pronunció, en principio, en favor de la república alegando razones doctrinales e históricas y que la forma de gobierno republicana era “más racional y acorde bajo el prisma de los principios democráticos”, los socialistas veían con reparo la herencia. La política de consenso iniciada por Adolfo Suárez hizo que triunfara la opción de una monarquía parlamentaria, con muy escasos poderes, aunque asume el mando supremo de las Fuerzas Armadas.

 Con la proclamación de la Constitución Española en año 1978 y con ella el respaldo a la monarquía parlamentaria hereditaria, dio comienzo el reinado de Juan Carlos I hasta el año 2014 que  ha ocupado, por razones de temporalidad, una etapa de progreso en la vida de este país, progreso que  se hizo notar de forma brillante en una sociedad que venía  sobreviviendo lastimosamente de una confrontación civil. El despegue espectacular de España impulsado , además, por las alianzas internacionales, incluida la Unión Europea hizo que el reinado de Juan Carlos I tuviera seguidores sin condiciones.

El mero hecho de que el pueblo pasara a una situación de bienestar pudiendo simplemente comer (la revolución de los pueblos comienza con el hambre) , con la obligatoriedad de la escolarización y educación y con una sanidad pública que cubría las contingencias de la salud, con programas de desarrollo en consonancia con los demás países hizo que Juan Carlos I tuviera un reinado que discurrió pacíficamente (pese al intento de golpe de Estado, aun sin aclarar) con los vientos favorables del bienestar y progreso sostenido, éxito desgastado por la sombra del terrorismo, la corrupción tanto a nivel político nacional como en la propia familia del rey y la indignidad de las actuaciones de las clases dirigentes respecto a quienes representan.    

(antes de seguir la lectura del artículo pulse para verlo sobre el enlace que hay a continuación. La Caja de Pandora: ¡Hasta nunca Juan Carlos!)

http://www.lacajadepandora.eu/2014/06/hasta-nunca-juan-carlos-analisis-critico-de-la-trayectoria-del-rey-de-espana/

 Consideraciones de todo tipo han especulado sobre la abdicación de Juan Carlos I. El análisis que brevemente he presentado para comprender los avatares de la figura de la institución monarquica como modelo de estado, muestra claramente que en España la institución ha tenido y tendrá altibajos de importancia en un futuro próximo. España es un país que necesita un árbitro respetable y respetado, lo demás podría ser un auténtico carajal y de ello ya hay experiencia en el pasado.

 Con un espectro parlamentario de izquierdas muy dividido que pretende volver a sus orígenes republicanos azuzado por grupúsculos de ultra izquierda, hace que la nueva monarquía de Felipe VI tenga por delante un sobreesfuerzo para abrazar actitudes hasta ahora impensables, pero que obligan al acercamiento para no soltar las amarras y quedar a la deriva.

Hoy por hoy entiendo que la monarquía no sea el modelo de Estado comúnmente aceptado por todos, pero también es verdad que en un Estado en el que el abanico parlamentario no está basado en el bipartidismo sino en la fragmentación casi infinitesimal de opiniones y culturas, la convergencia en un modelo aceptado por una inmensa mayoría se convierte en una tarea un tanto problemática.

 El reinado de Juan Carlos I ha vertido mucha tinta a favor, pero también en contra; la falta de trasparencia de la economía de la familia del Rey y todas las versiones leídas de la vida de su padre como de la suya propia deja una estela cuando menos confusa que ha llevado a las instituciones de España a aforarlo a toda prisa; este esperpento jurídico/mediático no ha pasado desapercibido para monárquicos y republicanos que han visto en las prisas una quiebra del sistema difícil de justificar.

Un monarca con un talante campechano pero insuficiente para el siglo XXI, que ha demostrado unas carencias en valores que en los últimos años de reinado se venían exigiendo machaconamente en los discursos de nochebuena al resto de la población pero que al monarca no parecían afectar; el dicho popular es sabio: “consejos vendo, pero para mi no tengo”. El sabor a todas luces de este perido monárquico es agridulce y su sucesor, que sin duda quiere hacerlo bien, no lo tiene fácil con las cuestiones que su padre le ha dejado a modo de legado envenenado.

 Un país que políticamente gira de sentido conforme los vientos hacen mover  la veleta de los temas que afectan directamente a la población; un país de forofos políticos es un país con poca seguridad y menos sentido de la responsabilidad. La inseguridad viene dada por la precariedad en muchos derechos  que constitucionalmente  están reconocidos a los ciudadanos, pero que en modo alguno se ve su cumplimiento en el horizonte. La Constitución ha quedado en una declaración de intenciones que quienes mandan no tienen el mayor interés de cumplir, hacer cumplir o tan solo de intentar conseguir.

 Con un blindaje en normas, leyes y salarios, llegar a ser casta política supone asegurarse de por vida la seguridad y la subsistencia a cargo de los impuestos de los demás; en contra tienen que la población cada día está más informada y las reacciones son casi inmediatas. Basta la denuncia social para que quienes mandan corrijan de aptitud. Estas no son cuestiones menores, quienes nos representan no pueden en modo alguno tener más privilegios que los representados y hoy por hoy esto es así.

 Felipe VI tiene por delante problemas de enjundia; es un hombre preparado, con formación y estilo que pretende ser próximo, pero debe saber que el pueblo está cansado; tiene en su contra que hereda una monarquía con una imagen discutida. Tendrá que hablar del problema de los nacionalismos, del terrorismo, de la integridad del territorio nacional, del desempleo juvenil y menos juvenil, de sujetar a Comunidades Autónomas que puedan desbocarse por un afán populista, tendrá posiblemente que apuntar que el papel de monarca no es solo vivir del presupuesto del Estado para que le paguen sus caprichos, como ya sucediera en otros reyes de la dinastía, sino ser justo y además de parecerlo ser también honesto, porque los ciudadanos no somos ya aquellos que empezaron a comer en el año 1939.

 ¡Monarquía o república esta es la cuestión!, la monarquía hoy por hoy en España es el único régimen que pudiera ser respetado, pero para ello hay que hacerse respetar y esta tarea hay que hacerla día a día; en otro momento yo no me hubiera ni tan siquiera atrevido a verter estas opiniones, hoy no solo me atrevo sino que es mi obligación como ciudadano responsable ante mi comunidad de avisar que mi seguridad y la de los míos está en juego y que aquellos politiquillos, que puedan creerse que lo son, no pongan en riesgo la seguridad y la paz en un país que lo único que le hace falta es un solo motivo para gritar ¡basta!.

 Que se reinvente la monarquía, no está de más, que se adapte a los nuevos tiempos y participe de los problemas de los demás que la sostenemos no es mucho pedir; simplemente se exige cordura, sensibilidad, cumplimiento de la ley y justicia para todos igual.

Mariano Avilés- jurista  

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