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«Manoseada y moribunda la libertad ha estado en boca de políticos con derecho a todo, partidos que han ido maleando y radicalizándose, que han cambiado de parecer según los momentos y los intereses personales.«

Gran parte de la sociedad camina absorta día a día dejando pasar las acciones que contra cada uno de nosotros maquinan quienes mandan por aquellas prédicas que la falsa democracia parece haberles concedido.

Inmunes y libres para perpetrar agresiones múltiples, estos personajes, ejemplos de la maldad del ser humano, caminan a diario vulnerando normas que los demás debemos cumplir bajo pena de sanción y para ellos son limitaciones que pueden traspasar sin ningún rubor. ¡¡Es tal la desfachatez que anula el sentido común!!.

La clase política instalada en el gobierno y otros gropúsculos parlamentarios, sin duda desubicados, es la casta menos representativa del pueblo español que tiene sus propios problemas y a los que los elegidos ni les prestan atención o ni siquiera conocerán, porque no les interesa.

Hablo desde el más absoluto de los escepticismos a la hora de pensar que aún me queda algún derecho de los que la Constitución señala como fundamentales. El escepticismo no apaga mi visión (creo que real) y crítica de lo que tenemos instalado en las instituciones del Estado; un cáncer digno de una intervención urgente y a lo bestia que elimine cualquier vestigio de sus acciones y sus sesgos dictatoriales.

Tengo la horrible sensación de que grandes poderes me perdonan diariamente la vida, por ello percibo que vivo con su permiso y sin derecho a la indulgencia.

Centros de poder, medios de comunicación, entramados financieros, capitales que se adornan de rancio progresismo envuelto en papel de regalo comunista, tahúres políticos que son matones de barrio; esto es lo que tenemos.

Cuanto más culto es el pueblo más sufre y si la cultura no alcanza para llamarnos cultos, la información viene a suplirla, con el riesgo que supone la desinformación que la hay, y mucha; una sociedad cerrada al exterior es una sociedad endogámica que se cuece en su propio caldo y que nunca progresará; este es el sinsentido de los nacionalismos.

Libertad, bella palabra ultrajada una y otra vez por quienes enarbolan las banderas del bien social para todos, sin el más mínimo esfuerzo y subvencionados hasta la médula; gentes arribadas de otros continentes que quieren la destrucción de España y que actúan bajo un gobierno que roza la criminalidad. Esto es España hoy; ellos, los que mandan deciden que aquel que cotizó durante años a la bolsa común del bienestar tenga una pensión paupérrima y los vagos, los delincuentes, narcotraficantes y criminales nada más pisar el territorio español, ilegales con título de tal, tienen muchísimos más derechos que los nuestros que se dejaron la piel; el respeto a nuestros mayores no debemos permitir que se pierda en beneficio de quienes no aportan nada a nuestra sociedad, salvo la extorsión y la delincuencia.

El gobierno social-comunista no encaja en el siglo XXI ni en nuestro modo de ser hacendoso y alegre, solidario y tenaz, con tradición y con historia, no encaja en nuestro entorno occidental y ya casi ni en el oriental y por supuesto en los gobiernos señalados con asesinos en la América Latina. España es una gran nación forjada a golpes de la historia que sabe lo que es el esfuerzo y la superación. Hoy  las nuevas generaciones que han comenzado su andadura en el terreno laboral y que tienen la oportunidad de constituirse en familia deberán tener la sensatez de saber ver que el bienestar para todos llega por el trabajo, el esfuerzo, la cultura, las tradiciones y los valores personales, ello tendrá que llevar irremisiblemente a valorar que la democracia debe estar sostenida por el reconocimiento de los valores intrínsecos de una nación y no por la ruptura predicada por quienes dan un mensaje y hacen justo lo contrario.

Todos fuimos jóvenes con el ánimo de cambiar la sociedad a mejor, algunos hasta estudiamos y vivimos en una parte de la dictadura franquista, pero a medida que el tiempo va pasando y la realidad  muestra sus tozudos argumentos, es entonces cuando se llega a la conclusión que la estabilidad, la sociedad del bienestar, de la educación, de la libertad en toda su extensión y el progreso solo se alcanza abandonando el idealismo que pintan algunos como el paraíso que no existe, salvo para los líderes de la revolución. La Historia a poco que la consultemos nos lo demuestra.

Lenín, ese líder bolchevique adorado por populistas y por los incultos progres afirmó: “Libertad, ¿para qué?»; adorable ese comunismo que más crímenes ha cometido contra la humanidad. Hoy la libertad se envuelve con los votos democráticos; con los votos se salva la cara de los que aspiran a mandar porque los legitima un pueblo que tiene la venda puesta en los ojos. “¿De qué sirve un voto sin un mendrugo de pan?”.

La arbitrariedad de presentar e imponer como bueno el pensamiento de unos pocos frente al conjunto de ciudadanos, tiene otro nombre; el totalitarismo hace peligrar la libertad en toda su extensión. ¿Qué fue aquella libertad proclamada por la II República en España?; un auténtico fracaso, aunque se anunció grandilocuentemente que la República era el triunfo de la libertad, la libertad y la justicia del artículo 1 de la Constitución de 1931. ¡¡Todo un ejemplo del mayor fracaso de “una República democrática de trabajadores”!!.

Los falangistas decían (1934) que el “valor eterno e intangible” de la libertad está fuera de dudas, pero “solo es de veras libre  quien forma parte de una nación fuerte y libre, de manera que a nadie le será lícito usar su libertad contra la unidad, la fortaleza y la libertad de la patria”.

Manoseada y moribunda la libertad ha estado en boca de políticos con derecho a todo, partidos que han ido maleando y radicalizándose, que han cambiado de parecer según los momentos y los intereses personales.

El gran cantautor Labordeta, ya de nuestro tiempo, lo dijo: “Habrá un día en que todos, al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad”, pero…..con mayúsculas.

M. Avilés – Jurista

Mayo 2021

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